Mostrando entradas con la etiqueta campamento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta campamento. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de marzo de 2010

LA QUEMA (1981)


Hay algo que me pone bruto cuando me pongo delante de un slasher ochentero, ya sea Viernes 13 o una de sus innumerables copias. La simple idea de un psicópata enmascarado, misterioso y sanguinario, propietario de un carisma especial y portador de las más variopintas armas, que se dedica a perseguir en lugares idílicos (como campamentos, cabañas o tiernos pueblos de la América Profunda) a jovencitos que sólo buscan diversión con sus hormonas desatadas, cuando deberían estar estudiando o culturizándose en un museo, me llena de orgullo y satisfacción. Supongo que se debe a que este subgénero apela a nuestras emociones más primitivas y necesarias, como el comer o el ir al baño todos los días como un reloj. Existe algo en nuestro interior que se satisface cuando observamos una escena violenta o de alto contenido erótico. Y es que el slasher guarda muchos puntos en común con el cine X, cambiando las escenas de cama por las masacres, y los gritos de placer por los de auxilio. También tendrá que ver con mi infancia, en la que me tragué más de una peli de este tipo, disfrutándolas, aunque ahora las revisito y me entran ganas de vomitar y de recuperar el buen recuerdo que guardaba, esfumado. Pero hay muchos títulos interesantes en aquella década prodigiosa, que a pesar de suponer una copia de unos esquemas establecidos, pretenden mostrar una historia novedosa, aportar algo original o al menos, divertir y hacer que la hora y media se pase rápido y nos deje un buen sabor de boca, como el ron Legendario con limón. Eso sí, La Quema no pertenece a ese selecto grupo.

Los archiconocidos hermanos Weinstein también quisieron montarse en el carro de las pelis de matarifes, que a comienzos de los 80 se hacían tan famosas, ya que el público exigía un nuevo tipo de horror, más cercano y humanizado. Por tanto, los hermanísimos pensaron en crear un nuevo icono del terror, Cropsy, ideando una leyenda a su alrededor. El susodicho era un vigilante de un campamento de verano, con el rostro desfigurado. Por culpa de su mal carácter se gana más de un enemigo, entre los cuales se cuentan los propios adolescentes que se encuentran de vacaciones. Unos cuantos pretenden gastarle una broma pesada, pero resulta tan pesada, que la cabaña donde duerme Cropsy se acaba incendiando y éste sufre graves quemaduras en todo su cuerpo. Y lo típico, tras salir vivo del hospital, jura eterna venganza contra todo aquel que se atreva a adentrarse en su campamento. Una novedad, vamos. Pero bueno, si la historia hubiera sido amena, se le podría perdonar a la cinta su extrema falta de originalidad, pero ni por esas. Hay muchos puntos muertos donde no sucede nada y todo tarda demasiado en arrancar. Además, se supone que el espectador debería sentir simpatía hacia el pagafantas protagonista de la historia, pero sólo deseas que muera cruelmente. El resto de personajes carece de importancia y te da igual si fenecen o no. En cuanto al asesino, no impacta y sus apariciones se ven a la legua, siempre armado con unas tijeras de podar (menos mal que no ataca con un cortacésped). Sólo al final podemos ver su verdadero rostro, igualito que en casi todas las entregas de Viernes 13.

Se trata del primer largo producido por los hermanísimos, que también colaboraron con el guión, algo que se nota. Menos mal que después se dedicaron en exclusiva al campo de la producción; los espectadores somos más felices y ellos, más ricos. Lo único rescatable de La Quema es su maquillaje, desarrollado por el gran Tom Savini, especialista en prótesis sangrantes y en heridas artificiales, que se lo curra de lo lindo, sobre todo en cierta escena donde cinco muchachos son atacados por el loco, mientras se encuentran en una barca. Ese momento es épico y está muy bien realizado. El resto de metraje, pura paja aburrida.

En su momento se pensó en realizar una segunda parte. Menos mal que todo quedó en el limbo. Y me reitero en mi afición por el slasher, pero por uno divertido y auténtico, no por éste, hecho a toda prisa, y se nota, antes de que la fiebre por el género se pasase.

domingo, 7 de febrero de 2010

VIERNES 13 (1980)


Ante semejante título, uno sólo puede pensar en el mítico asesino de la máscara de portero de hockey, o en cierto dúo cómico español. Y ni una ni otra. La primera película de la longeva saga (hasta el momento se han realizado 9 secuelas, un crossover con Freddy Krueger y un penoso remake made in Michael Bay) supone el inicio de una era. El comienzo de los maravillosos años 80 y de una nueva forma de hacer cine de terror, alejado de sutilezas y fueras de campo. El principio de una saga asociada a una época, y del slasher, que aquí empezó a cobrar protagonismo, pese a haber nacido años atrás, con Navidades Negras y La Noche de Halloween. Y aunque el asesino aquí no sea el del resto de secuelas (no delataré nada por si hay algún despistado o alguien que ha despertado recientemente de un coma), este filme constituye el nacimiento de un icono pop del género (el asesino Jason Voorhees).

El argumento, simplón como pocos, es conocido por cualquiera, incluso aunque no haya visto ninguna película de la franquicia: un grupo de jóvenes se dispone a reabrir un campamento, cerrado años atrás después del asesinato de una pareja. Todo parece girar en torno a la historia de un niño deforme y retrasado, que falleció ahogado en susodicho lugar, mientras los monitores que deberían estar vigilando, jugaban a los médicos. Y es aquí donde entra en juego el esquema del slasher: presentación de los muchachos a degollar, caza por parte del asesino de turno y enfrentamiento con la final girl, una vez que conocemos la identidad del villano del cuento.

Está claro que todo es sencillo, pero la obra tuvo un tremendo éxito, que generó todo tipo de merchandising, desde juguetes hasta videojuegos. También dio como resultado miles de copias durante la década, con ligeras variantes, pero dando a conocer el argumento del asesino de adolescentes cachondos, y poniendo de manifiesto que los campamentos son lugares perfectos para ambientar un largometraje de estas características.

La realización es bastante plana, los diálogos son sosos y los personajes, inexistentes. Pero a su favor, cuenta con unas ingeniosas y sangrientas muertes no vistas hasta el momento (mítica la flecha que atraviesa el cuello de un joven Kevin Bacon, tumbado en la cama), una oscura ambientación, una música atrayente (a pesar de copiar la pieza de La Noche de Halloween), y un final que ha pasado a la Historia del género.

Su director, Sean S. Cunningham, sólo ha vuelto a dirigir un par de veces más, aunque fue productor de otras entregas de la saga y de la ópera prima de Wes Craven: La Última Casa a la Izquierda.

Vale, no es la peli de horror del Siglo, pero es entretenida (aunque superada por otras secuelas) y siempre viene bien conocerla, para aprender su legado. Por cierto, que viernes 13, en los USA, es el día de la mala suerte. Por si acaso.