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jueves, 18 de marzo de 2010

BLADE (1998)


Blade comenzó siendo un personaje de cómic creado por Marv Wolfman y Gene Colan para la famosa editorial Marvel. Se trata de un ser mitad humano mitad vampiro, el único capaz de sobrevivir a la luz del Sol, cuya primera aparición fue en la saga de cómics La tumba de Dracula (1972-1979). Su madre es mordida por un vampiro y antes de fallecer, consigue dar a luz a Blade, que durante años será entrenado para luchar contra los vampiros de todo el mundo, pues para él no hay diferencias entre razas ni distinción de sexos.

En 1998 se estrenó este filme, basado en el personaje de la novela gráfica, como se llama ahora al cómic, cosechando un gran éxito, aupando a Wesley Snipes a los primeros puestos de las estrellas taquilleras de acción e iniciando el interés por el cine de vampiros, tan muerto (nunca mejor dicho) en la década de los 90, donde sólo había sido reseñable la versión de Dracula de Francis Ford Coppola. Pero entonces llegó Blade, con su unión de peli de artes marciales, acción, terror, aventura y personajes carismáticos, y revivió de nuevo a los chupasangres, dotándolos de un nuevo estilo, pues ya no son los elegantes aristócratas de antaño, sino más bien unas criaturas que gozan matando y que se hacen pasar por humanos. Incluso se desarrolla una interesante idea, la de los humanos aliados con vampiros, que les ayudan y les dan cobijo, para ser convertidos en vampiros en un futuro. Pero Blade (Snipes) y su inseparable compañero Whistler (Kris Kristofferson) intentan por todos los medios acabar con el legado de terror de sus enemigos, mientras investigan una posible cura para el vampirismo en su base secreta, a lo Batman, pero con más luz.

En esta primera aventura del superhéroe, que habla poco pero usa frases de esas lapidarias, Blade rescata a una mujer que ha sido mordida, mientras combate contra Deacon Frost, un vampiro con la cara de Stephen Dorff, un tío que hace serie B de la buena. Frost pretende invocar a La Magra y convertirse en este ser, con lo cual tendrá un poder ilimitado. Para ello, necesita la sangre de Blade y la muerte de los jerarcas vampiros, enfrentándose a sus aliados y a los clanes de vampiros existentes. Para salir victorioso, Blade debe confiar en sus amigos y usar del mejor modo posible todas sus armas.

Sin lugar a dudas, Blade está repleta de acción trepidante que te deja sin respiración. Las peleas están muy bien coreografiadas (aunque los malos ataquen uno a uno, como en las de Bruce Lee) y aportó su granito de arena a cambiar el cine de acción. Sabe combinar a la perfección todos los géneros que toca y el traslado del cómic a la gran pantalla adquiere un estilo propio, creando un universo vampírico que parece real, en nuestros días. Las interpretaciones están muy bien y Wesley Snipes como el cazavampiros nigger da el pego por completo. Además, la relación que mantiene con Whistler es genial y hasta emociona en algún punto. La elección del enemigo que sólo mira por su bien es acertada, e incluso el personaje de la chica es interesante.

Es recordar esta película y se me viene a la cabeza la maravillosa escena inicial en la discoteca, con todos los monstruos bailando mientras cae sangre del techo, a la espera de comerse a su víctima humana. Entonces aparece Blade y la lía parda, con una genial banda sonora de fondo. Y es que en Blade, cuando suena el chunda-chunda, sabes que va a haber leches como panes. Prefiero la música disco en esta peli, antes que en las discotecas de la ciudad. También está la pelea final contra Frost, corta pero intensa. Incluso hay sangrientas escenas que fueron censuradas en algunos países.

Su director, Stephen Norrington, que había trabajado en los efectos especiales de Aliens, tras Blade hizo La Liga de los Hombres Extraordinarios, con lo que su carrera cayó en el fango más profundo (aunque debo reconocer que me entretuve con esa película). El guionista, David S. Goyer, es el encargado de los libretos de los últimos Batmans seriotes. Snipes colaboró en la producción, por lo que algo que en principio iba a ser un modesto producto, se convirtió en una superproducción con influencia y gran recaudación. Como es sabido, Blade contó con dos secuelas y una cuarta parte que parece estar gestándose ahora mismo. Tras la basura inmunda que supuso la tercera parte, esta genial saga merece un final más digno.

miércoles, 3 de marzo de 2010

DRACULA 2 ASCENSIÓN (2003)


En 2000, Patrick Lussier, pupilo del maestro del terror (no para mí) Wes Craven, que había trabajado en la edición de anteriores títulos suyos, como Un Vampiro Suelto en Brooklyn o Scream, recibió el encargo, por parte del tito Craven, de dirigir una nueva revisión del mito vampírico creado por Bram Stoker, ambientándolo en la actualidad y acercándolo al género de adolescentes masacrados, tan popular desde el éxito de la antes citada Scream, pero que estaba dando sus últimos coletazos. Así nació Dracula 2000. Todos pensaron que el tal Lussier era un enchufado de Wes, que en los créditos se limita a presentar la película (seguro que apenas se pasó por el rodaje, pero abrió bien la saca para llevarse sus beneficios), pero el director y guionista del cotarro demostró su buen hacer con la película, así como su amor hacia el género, del que había mamado siempre, tanto currando para el equipo de Craven como dirigiendo su ópera prima, Ángeles y Demonios 3. Si bien la película pasó sin pena ni gloria por nuestras carteleras (a lo cual contribuyó que aquí se estrenara un año después, recibiendo el título de Dracula 2001), Lussier se labró un buen nombre dentro del género que nos ocupa y fue demandado para trabajar en las dos secuelas de la película, que Craven también "produciría" por obligaciones contractuales.

La segunda parte de Dracula 2000, estrenada directamente en el mercado del vídeo, no llega a superar en calidad y hemoglobina a la primera, pero está casi a su altura, a pesar de sus enormes fallos de guión. Aquí, la primera aparición del monstruo no es tan espectacular, más bien es rutinaria y no te das cuenta hasta el final de que no es un vampiro más, sino EL VAMPIRO, aunque quizá el director pretendía crear ese efecto. Las motivaciones de los personajes para robar un cadáver de la morgue, que resulta ser un vampiro, no están muy claras y son sólo una excusa para que la trama avance. No obstante, hacia el último tramo de la película, todo se va aclarando y nos damos cuenta de que uno de los personajes ha manipulado al resto para hacerse con la suya. También es posible alterarse al ver los cambios de personalidad de algunos personajes a lo largo de todo el metraje, y lo mismo ocurre al ver que casi ninguno se asusta por la idea de estar enfrentándose a unos chupasangres muy peligrosos. Pero todo esto se ve compensado por el carismático personaje del cura matavampiros, que fue mordido por uno de ellos y es medio vampiro. El tipejo emplea todo tipo de armas para acabar con ellos, con el fin de llegar hasta Dracula y acabar con su maldición; porta desde una lanza con hacha incorporada, hasta agua bendita en una petaca y un látigo recubierto de pinchos. Es una especie de Blade sin piedad, que tiene al estamento eclesiástico en su contra por lo que hace, pero él continúa con su particular vendetta. Es él lo mejor de la película, junto a las peleas con las criaturas. En estas, los efectos digitales, aunque se notan, son bien chulos.

Por otro lado, las relaciones entre los jóvenes que custodian a Dracula son poco interesantes, aunque fundamentales para que todo avance, hasta llegar al épico final, con una pelea a muerte entre el cura y el vampiro. Un final que prometía secuela, y así fue. Aún no la he podido disfrutar, pero no tardaré, tras el buen sabor de boca que me ha dejado esta cinta, y así saber cómo se resuelve todo.

El director repite en la última entrega, por supuesto. Entre sus últimos títulos encontramos el remake de San Valentín Sangriento, en 3D, y sus futuros proyectos son Drive Angry y la tercera parte del remake de Halloween (Rob Zombie ha dejado ya la saga), también usando la tecnología de las tres dimensiones. Esperemos que algún día se dé cuenta de que el cine convencional sigue existiendo.