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sábado, 18 de diciembre de 2010

CRIATURAS ASESINAS (1983)


Un meteorito se estrella una noche, cerca de una tranquila localidad. De su interior emergen unos horribles seres que poseen un apetito voraz, devorando todo a su paso. No paran de crecer y poco a poco empiezan a arrasar con la comunidad. Se adentran en una pequeña casa y parece que nada puede detenerlos, salvo la perspicacia de un niño.

Si estás leyendo esto y has visto la película de la que hablamos, perteneces a un club bastante selecto, ya que dicho largometraje es bastante desconocido y en su momento pasó con más pena que gloria por los videoclubes de todo el mundo. Y es que se trata de una especie de refrito de Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979), pero con unos bichos mucho menos realistas y amenazadores, y ambientada en la Tierra, concretamente en un pequeño pueblo del interior de Estados Unidos.

La cosa pinta bien en su inicio, cuando dos excursionistas ven la caída del meteorito, se acercan para ver qué ha ocurrido y ya se sabe qué le pasó al gato. En esa escena no vemos a los monstruos, aunque deducimos que poseen tentáculos, son fuertes y tienen más hambre que un pollo en agosto. Pero en la escena siguiente ya estamos viendo su aspecto, que aunque impresiona, recuerda demasiado al de una planta carnívora gigante; por tanto, la sorpresa, que en otras ocasiones se reserva para el final, aquí nos es desvelada cuando llevamos 5 minutos escasos de metraje. Por supuesto, la intención del director era mostrar a los bichos cuanto antes, para así construir las escenas de los ataques sin tener que recurrir al fuera de plano, pero es que dichos momentos ni resultan tensos ni se resuelven bien.

Desde el primer momento, los monstruos se ubican en una casa del municipio, pero hasta bien avanzado el metraje no vuelven a atacar, lo que ocasiona el aburrimiento del respetable. Parece que nacen pequeños y van creciendo en función del agua y los alimentos, pero bien pronto aparecen algunos que son tremendos, así que esa explicación también la olvidan a las primeras de cambio. Pero vamos, que esto no pasa de ser una aburrida serie Z de tarde de domingo, con niño salvador incluído. Por cierto, un actor bastante mediocre, pero que acaba siendo el héroe de la función porque no le tiene miedo a nada, gracias a los cientos de filmes de horror que ha visionado a lo largo de su escueta vida.

Si hay algo que no se le puede criticar a la película es el gore, que hace acto de presencia en cada matanza, ante los ojos de los más jóvenes. Luego ves a los pequeños bichitos, que parecen unas babosas carnívoras, devorando los cadáveres, y no te lo terminas de creer, pero el primer efecto es perturbador. Por supuesto, los efectos especiales brillas por su ausencia, y los seres cantan a cartón piedra que da gusto, mas tiene una conclusión poderosa, aunque sea maqueta mediante.
Si debo quedarme con una escena, es la de la muerte de la chica del prota, que en todo momento parece ser un personaje relevante, pero que fallece por la estupidez del chico, que luego resulta ser un cobarde y un loco.

Es una película muy muy floja, con mucho bicho pero poco realista. Tiene una realización mediocre (su equipo está formado por aficionados, está claro),y una historia alargada en exceso, que podría servir para un libro de terror infantil. Pero vamos, el final mola. Y su cartel, también.

martes, 7 de diciembre de 2010

BEOWULF, LA LEYENDA (1999)


Una extraña y despiadada criatura se ha adentrado en las murallas de un Castillo. Aparece por las noches y acaba con la vida de todo ser viviente. Ni el Rey ni sus súbditos saben qué hacer para acabar con la bestia. Pero un día, un misterioso guerrero, armado de todo tipo de armas, llega al lugar con el firme propósito de acabar con el monstruo, con el cual tiene una conexión que va más allá de lo físico. El nombre del guerrero es Beowulf y descubrirá que la bestia ha llegado allí por un terrible motivo.

Vapuleada en su momento por crítica y público, Beowulf la leyenda parece tener unas pretensiones grandilocuentes de superproducción épica y de una originalidad sin precedentes, uniendo los mundos de la mitología clásica con Mortal Kombat (Mortal Kombat, Paul W.S. Anderson, 1995), pero se queda en una chapucera serie B con peleas de kárate y un presupuesto más bien ajustado, que en su mayor parte se destinaría a contratar un rostro reconocido como es el de Christopher Lambert, que estaba llamado a ser el nuevo Nicholas Cage de aquellos años. Y es que tras este infraproducto que se llegó a estrenar en salas comerciales, el Escocés no volvió a levantar cabeza, salvo en casos puntuales como el de Resurrección (Resurrection, Russell Mulcahy, 1999).

La cosa no pinta bien ni al comenzar los créditos, que imitan la famosa entrada de las películas de Mortal Kombat, con unas figuras entre llamas que conforman el título del filme. Pocos segundos después, Beowulf ya está repartiendo patadas de kung-fu a diestro y siniestro, y soltando frases lapidarias. Sale victorioso ante una horda de enemigos usando el armamento más sofisticado, que ya lo quisiera Batman para sí, y poco después llega al castillo del terror, que desde fuera parece una atracción de Port Aventura. Lo mejor de aquel siniestro lugar es Rhona Mitra, la bella hija del Rey, así como sus portentosos escotes, que dicen mucho del jefe de vestuario de la película.

También conocerá a más personajes, como el armero, el capitán de los soldados o el hijo del armero, pero casi ninguno tiene importancia. Lo verdaderamente relevante es el aspecto de la criatura a la que se enfrentará el protagonista a base de piruetas: un monstruo de traje de Carnaval que ondea, o algo así. En su primer enfrentamiento, le pega una buena paliza a Beowulf, pero luego las cosas cambian y el ser no pinta tan fiero. Y es que con semejante diseño, ni Lambert se podía tomar en serio el asunto. No obstante, se nota que es un actor respetable y a pesar de reírse un par de veces, pone cara de circunstancia y pelea como ninguno.

Los efectos especiales son de risa, así como el guión, que se pitorrea del poema en el cual se basa la historia. Lo peor no es que reformule el argumento original, lo peor es lo aburrido que resulta todo en general, incluídas las peleas, que acaban pareciendo torpes y sosas, todas iguales, rodadas sin ganas.

Como vengo diciendo, las interpretaciones no están mal, pero es que comparadas con todo lo demás, nadie puede reparar en ellas. Pero si ya te fijas en los diálogos y la relación de amor entre Lambert y Rhona Mitra, no puedes más que apartar la mirada de la pantalla.

El final prometía secuelas con más monstruos y aventuras, pero el público no es tonto y esta amenaza se quedó en agua de borrajas. Ni que decir tiene que el director y los guionistas poco más hicieron tras Beowulf. Actualmente, quien más fama tiene de todo el equipo es la señorita Mitra. Y que siga así por mucho tiempo.

domingo, 14 de noviembre de 2010

SE ALQUILA (2010)

Se Alquila from Nuevos Vagos on Vimeo.


Los Nuevos Vagos participamos en un nuevo y flamante concurso de cortometrajes de terror, organizado por PortAventura, con esta pieza, que lleva por título Se Alquila, donde le damos una vuelta de tuerca al horror que sienten los niños por el monstruo del armario.

Arriba tenéis el vídeo en buena calidad, pero en el siguiente link podéis acceder para votarnos en el concurso, si es que os gusta y no queréis que el monstruo os ataque esta noche... El registro lleva sólo un momento y haréis felices a muchos niños huérfanos si nos votáis.

Ante todo, Los Nuevos Vagos esperamos que os guste, y que os lo haga pasar bien y mal a la vez, el principal objetivo del cine de miedo.

http://www.minicortosportaventura.com/ficha-video.aspx?id=381

domingo, 12 de septiembre de 2010

MY NAME IS BRUCE (2008)


A muchos se nos hizo la boca agua al oír hablar de este proyecto por primera vez. Una película donde el genial Bruce Campbell se dirigía y se interpretaba a sí mismo, en una delirante trama, donde un chaval cree que el actor es un auténtico cazamonstruos (se ha visto todas sus películas y es su fan número 1), y le acaba secuestrando para que acabe con un fantasma chino que ha resucitado en una mina cercana al pueblo. No obstante, se encontrará con un mediocre actor que vive a base de penosos papeles en filmes de serie Z, adicto al alcohol, con un representante que le toma por el pito del sereno y se acuesta con su exmujer, que vive en una cutre caravana y tiene poco de héroe. La película prometía grandes dosis de mala uva, mucho humor y algunas gotitas de terror, y algo de eso hay, pero bastante poco y deslucido, la verdad. Quizá sea por un guión que podía haber aportado mucho más, o por la dirección del tito Campbell, que es monótona y toma demasiado prestado de las primeras obras de su buen amigo Sam Raimi.

Por otro lado, apena un poco que Campbell se burle tanto de las cintas que le han hecho popular en todo el mundo, un icono de la serie B. A lo mejor las respeta más de lo que parece en esta película, pero algunos chistes sobre ello se hacen repetitivos y cansinos. Eso sí, algunas referencias al bueno de Sam Raimi o a anteriores obras protagonizadas por Ash, logran sacarte una carcajada, pero sólo si las conoces o simpatizas con el actor y director. La sensación final es que estás ante una película que podría haberse exprimido más, para sacarle todo el potencial cómico a las situaciones y a los propios personajes, que no dejan de ser una parodia de todo lo que imaginamos sobre el mundo de Hollywood o los pueblos perdidos de la América Profunda.

Como siempre, Bruce Campbell está genial haciendo de sí mismo, o más bien del personaje que ha creado a su alrededor, y sus frases son las mejores. Por ello, se acaban olvidando de la trama que hay alrededor. Y que nadie se engañe, sólo hay un monstruo y un enfrentamiento final con él. Posiblemente, un punto positivo es la conclusión, donde Campbell se atreve con el metacine y con la mofa de los típicos finales del séptimo arte. La historia de terror queda en un segundo plano, reservando todo el protagonismo para el actor fetiche de Raimi.

Cada parte de la película está presentada por una canción country que resume la situación, un recurso gracioso, pero mejor aprovechado en otros títulos como 2000 Maníacos (2000 Maniacs, Herschell Gordon Lewis, 1964).

Como he explicado antes, la realización es casi de telefilme barato. Normal que, debido a ello y al limitado número de espectadores al que va dirigida la película, venga a España directamente a las estanterías reservadas al DVD, donde le deseamos lo mejor, para una posible secuela de la que ya se habla, en la que el actor se enfrentaría en esta ocasión a otro mito: Frankenstein. Por cierto, que el título en nuestro país será Posesión Demencial, haciendo alusión al título que encumbró a actor y director. Lo de siempre, mera campaña para atraer a despistados.

Es un filme que merece la pena ser visto, pero que decepciona si esperas grandes momentos, risas sin parar o algún susto logrado. Por supuesto, esperamos que Bruce siga deleitándonos con esas obras chuscas que tanto nos agradan y que tanto nos gustan, quizá por su falta de pretensiones, algo que este título ha olvidado por completo. Y por favor, que Campbell nos deleite con ese proyecto que tiene entre manos, que sería un Los Mercenarios (The Expendables, Sylvester Stallone, 2010), pero con actores especializados en el terror ochentero. Menuda idea genial.

jueves, 10 de junio de 2010

SPLICE (2009)


Splice, que en nuestro país ha recibido la absurda coletilla en el título de Experimento Mortal, fue recibida con más críticas malas que buenas en el Festival de Sitges del pasado año y el Festival Sy-Fy de Madrid del presente, lo cual no me impidió albergar las mayores esperanzas ante este filme, sobre todo por su gran director, el siempre interesante Vincenzo Natali, creador de Cube y del cortometraje Elevated, simplemente acojonante. Con su currículum, nadie se atrevería a ridiculizar su obra, pero mucha gente se puso en su contra con Splice, su más reciente largometraje.

En parte puedo entender a los detractores de esta propuesta, que abarca varios géneros distintos, desde la ciencia-ficción y el terror genuino hasta la comedia más grotesca, cambiando su estilo y el camino a seguir en todo momento. Si te esperas una película convencional de monstruos que se cargan todo a su paso, estás muy equivocado y saldrás decepcionado. Al empezar, cualquiera puede pensar eso, ya que estamos ante la típica historia de dos científicos (el omnipresente Adrien Brody y la bella Sarah Polley), que ante las presiones de sus superiores y su ansia por llegar a más, crean un híbrido entre varias especies animales, combinándolo con ADN humano. Al principio, el resultado es nefasto, pero según va creciendo la criatura, que tiene apariencia humana, todo son ilusiones y esperanzas, fundamentalmente por parte de la mujer, que se encariña del bicho como si fuera su hija, debido a su complicada niñez (algo que nunca se nos explica bien, un fallo importante).

Sin embargo, varios puntos de tensión y terror repartidos a lo largo del planteamiento y el nundo, desembocan en una media hora final donde la criatura se vuelve calculadora, asesina e inestable. Pero lo mejor de todo es que no nos imaginamos ese final, ya que toda la película ha ido por otros derroteros. Incluso nos llegamos a plantear que estamos ante la defensa de una mujer de su creación, cuando el resto del mundo se lo quiere quitar por ser una aberración científica. Sé que a muchos no les gustará la variación que existe en el argumento, pero yo creo que Natali es lo suficientemente inteligente como para haber construído un guión distinto a todo lo visto, que te pilla el escroto y no sabes por dónde te va a llevar.

El diseño del monstruo es genial, y hasta hay un polvete hacia el final con el narigón de la función, que no está nada mal. Los actores principales cumplen, y aunque la relación entre la mujer y el bichardo puede resultar superficial, ahí está la magia de todo el asunto, que nunca sabes qué dirección tomará en los siguientes minutos. Quizá por eso haya sido tan criticada, pero el resultado final es óptimo para una película de estas características.

Atentos a la intro, genial, y a las mutaciones que sufre el monstruo.

domingo, 30 de mayo de 2010

CÓMO FABRICAR UN MONSTRUO (2001)


Al ver por ahí el título y el póster de este título, no podía dejar de pensar en la película Juego Mortal o en Stay Alive, donde un videojuego traspasa la ficción y se vuelve terrorífico en la vida real. Además, el cartel nos devuelve a las carátulas de las cintas en los videoclubes, que muchas veces superaban a la propia peli. Pero entonces buscas información y descubres que Cómo Fabricar un Monstruo es del año 2001, y por curiosidad, te la bajas, digo, te haces con el DVD.

Aunque al comienzo no albergaba ninguna esperanza, la fuerza me acompañó y me dispuse a verla de cabo a rabo, quedando satisfecho a la conclusión del visionado, básicamente gracias a la producción y los efectos del difunto Stan Winston, que no se lo curra demasiado con las imágenes del juego, pero sí con el diseño del monstruo, que impone. No obstante, todo empieza con bastante humor, retratando el mundo de los informáticos que desarrollan videojuegos, como si estos fueran unos freaks con personalidades extravagantes. Por eso, yo pensaba que se iba a tratar de una peli para niños, sin muertes ni sangre. Pero a la media hora, cuando hace acto de aparición la criatura de la que ser víctima, todo pega un vuelco, y aunque la comedia sigue apareciendo en casos puntuales, el terror y el desasosiego se apoderan de la pantalla. Y es que ya sabemos cómo suelen acabar los informáticos en este tipo de productos.

El caso es que una compañía de videojuegos quiere crear algo totalmente terrorífico, en una época donde los niños ya lo han visto todo y no se asustan ante nada, por lo que tres histriónicos tipos son contratados para crear una atmósfera y un ser que epaten al comprador. Lo logran, a pesar de la enemistad entre ellos, pero un fallo informático, acompañado de un rayo, hacen que la criatura cobre vida y que tenga ansias de aniquilar. Lo siguiente, ya lo sabéis, el intento de supervivencia de los protagonistas, con un buen enfrentamiento final con espadas y todo.

Pero lo más interesante de la peli es su enseñanza final, acerca de la maldad de este mundo, por lo cual se nos aconseja ser malos y no tratar de ser amables, ya que la vida nos devolverá ese favor con inseguridad, avaricia o desconfianza por parte del resto de mortales.

En definitiva, una peli entretenida, que merece la pena, aunque no sea nada del otro mundo. Y atentos a la sensual aparición de Julie Strain (voz en Heavy Metal)en pelota picada, que no se conserva nada mal a sus 40 tacos.

Aprovecho mis minutos de gloria bloggera, para animaros a ver el último corto de mi productora, Los Nuevos Vagos, destinado a un Festival de cortos para la igualdad, celebrado en América Latina. Ojalá os guste y OJALÁ lo votéis. Muchas gracias a todos todos.

viernes, 21 de mayo de 2010

RAZORBACK (1984)


Si pensamos en películas de terror donde el mal esté representado a través de animales, nos vienen a la cabeza multitud de títulos famosos: Tiburón, Piraña, Cujo, Los Pájaros, Anaconda, Aracnofobia..., mas nos olvidamos de esos otros seres que apenas provocan terror, pero que también protagonizan un buen puñado de cintas de serie B, muchas de ellas prácticamente desconocidas: conejos, ciempiés, babosas o jabalíes, el monstruo que causa el pánico en Razorback, película dirigida por el irregular Russell Mulcahy.

El filme se desarrolla mayormente en tierras australianas, donde un anciano cazador es acusado del asesinato de su nieto, a pesar de que ha sido un jabalí gigante el que se ha llevado al nene. Unos años más tarde, con el abuelo libre por falta de pruebas, los ataques del salvaje animal se repiten, coincidiendo con la llegada al lugar de una periodista de Nueva York, que se dedica a investigar casos sobre el maltrato animal. Los lugareños, todos con sus gorras y su aspecto desaliñado, como es costumbre, no ven con buenos ojos el trabajo de la mujer, tema que en muchos momentos llega a eclipsar lo que sucede con el cerdo gigantesco. En concreto, la peli se centra mucho en un par de hermanos de la zona, que asisten a uno de los ataques del jabalí y que no paran de hacer gamberradas. Exceptuando el comienzo y un momento hacia la media hora, el jabalí no hace acto de presencia hasta el final, cuando la lía parda por doquier.

Pero el hecho de que el director quiera presentarnos las costumbres de Australia, a sus habitantes, sus canguros o las ansias de venganza del anciano, no impiden el disfrute de Razorback, que supone una interesante película de animales monstruosos, en este caso un berraco con un diseño aterrador, que no se muestra demasiado para que no se note que es de mentira, pero que impone cada vez que aparece, gracias a su realista aspecto y a los efectos sonoros que le acompañan.

Aquí tenemos un caso similar al de Psicosis, y es que quien pensamos que es el protagonista desde el principio, muere de forma inesperada, y es sustituido por otra persona de su entorno, que será realmente el héroe de la función, quien tendrá un enfrentamiento épico con el animal en una fábrica.

Aunque la película puede resultar un poco espesa en algunos momentos, fijándose demasiado en las preocupaciones y las pesadillas del protagonista, acaba siendo un divertimento agradable, violento y que sabe captar el espíritu del American Gothic y trasladarlo a un puebecito de Australia. Además, contiene algunos planos muy originales para la época y para una serie B de estas características.

Y como regalo, os invito a visitar este blog, creado por un tal Joshua Hoffine, que cuelga escalofriantes imágenes, diseñadas por él, donde estudia los mecanismos del horror y nos remite a nuestras aterradoras pesadillas de la infancia. Increíble.

lunes, 26 de abril de 2010

FURIA DE TITANES (2010)


Si hay algo que verdaderamente me revienta de los remakes de hoy en día, es su falta de originalidad y el tufo que desprenden a explotación que busca un público joven que no le pida nada a una película. Ese es el principal problema de la nueva (per)versión de Furia de Titantes, cuya primera adaptación a la gran pantalla data de 1981, con los maravillosos efectos en stop-motion de Ray Harryhausen en lo que supuso su último trabajo hasta la fecha.

Recuerdo aquel filme como una gran superproducción que parecía más antigua de lo que es en realidad, sobre todo por los efectos especiales, en una época en la que estaban mejorando considerablemente. Aun así, en mi inocente mente de colegial, es una historia épica con batallas geniales y unos monstruos de mear y no echar gota. No obstante, ha llegado a mis oídos que pierde si la ves con unos años de más, por lo que deseo que la cinta no llegue nuevamente a mis manos. Pero me acuerdo lo suficiente de su historia, como para saber que he tirado mi dinero al acudir al cine para ver este soso remake, que se limita a copiar el anterior, con las mismas criaturas y con un ridículo chiste referente al buho dorado que aparece en la original. Así que si has visto la peli del 81, huye de esta.

Consideraba a Sam Worthington como un buen actor, pero aquí demuestra que tiene menos expresividad que una patata frita pisoteada, ya que sólo mueve sus músculos faciales mientras pelea, y ni se inmuta cuando mueren sus amigos y familiares. Tenía más sentimientos su Avatar en Pandora. Para que luego digan de ciertos actores de pelis de acción de hace unas décadas. Las mejores interpretaciones corren de la mano de dos veteranos: Liam Neeson y Ralph Fiennes, a pesar de que éste último parece más bien un mendigo con chepa, no un Dios. Y no hay que olvidarse de la sexy Alexa Davalos, que con esos ojos y ese cuerpo, siempre actúa bien.

Las peleas llegan a aburrir de lo predecibles que resultan, no hay tensión y parece que la pasta se la dejaron solamente en los efectos digitales, al ver ciertos escenarios de cartón piedra. Las criaturas no impresionan ni provocan temor, ni siquiera Medusa o el Kraken, y el hecho de que Perseo, grumete Pescanova de toda la vida, aprenda a luchar como el mejor en unas pocas horas, no beneficia al resultado definitivo del filme. Y mejor no hablar de la oscura (literalmente) versión en 3-D del largometraje.

Si no has visto la peli y tienes ganas, en serio, busca el trailer en Youtube. En pantalla grande no hallarás nada más.

miércoles, 17 de marzo de 2010

OUTLANDER (2008)


Cuando escuché sobre esta película, a finales del año 2008, por mi cabeza sólo circulaba el término serie B divertida, algo que en muchas ocasiones es un arma de doble filo (espero que estas armas no existan, por el bien de las guerras), pues esperas encontrarte una obra sin pretensiones pero amena, y cuando termina la peli, estás llorando por el tiempo perdido. Sin embargo, de vez en cuando aparecen buenos ejemplos de esta categoría, con títulos que no escatiman en sangre, que pueden ser cutres, pero que consiguen hacerte pasar un rato agradable, que en realidad es para lo que están hechos. Vamos, como las parejas. Son cintas que se asemejan al sexo, donde ya sabes cómo va el tema, con su planteamiento (los entremeses), el nudo (gemidos y tocamientos) y el desenlace (orgasmo o gatillazo), pero hay veces en las que te sorprenden (salto del tigre, tríos...). Y cuando todo termina, sonríes y hasta te puedes encender un cigarrillo (si no fumas, a dormir contento directamente).

Outlander pasó sin pena ni gloria por nuestras carteleras, pese a su genial reparto (William Hurt, Jim Caviezel, Ron Perlman, una chica muy mona que hace de heroína...) y a un delirante argumento, quizá escrito por monos borrachos y financiado por morsas encocadas: un humanoide se estrella con su nave espacial en una tierra de vikingos. Para su desgracia, una violenta criatura, el Moorwen, también escapa y comienza a masacrar a todos los poblados vikingos que encuentra a su paso. Y es que el hambre es muy mala. Por supuesto, los vikingos desconfían al principio del habitante de otro mundo, pero al final se acabarán aliando con él para terminar con las andanzas del monstruo, que es más imparable que un dentista haciéndote un presupuesto. No obstante, semejante argumento imposible se deja llevar por una estructura de la acción muy convencional, pero nada desdeñable: los vikingos odian al exranjero, tras pasar una prueba ya confían en él, se enfrentan al ser sin éxito en varias ocasiones, muchos vikingos mueren de forma humillante, el prota se enamora de la primogénita del Rey y viceversa, luego tiene una idea brillante para acabar con el ser, se acuerda de su pasado con su familia, la tribu de vikingos rival colabora para atrapar al bichardo... Pero lo mismo sucede con Avatar y fue nominada a un puñado de Oscar, a pesar de tener un argumento ramplón.

En Outlander nos encontramos todos los estereotipos habidos y por haber, y sabes lo que pasará en todo momento, sin dejar lugar a la sorpresa. Pero el invento de vikingos VS alienígenas funciona a la perfección, divierte y te mantiene pegado a la butaca, al sillón o a la hamaca. Si quieres que te sorprendan, esta no es tu película; si en cambio quieres pasar un buen rato con un historia épica, repleta de acción, con bichos, peleas y vikingos fuertotes, no te pierdas Outlander.

martes, 26 de enero de 2010

AULLIDOS (1981)


Todos aquellos que tuvimos la fortuna de nacer en los años 80, sin reggaeton en las radios, sin programas del corazón en la tele cada tarde, sin bullying en las clases y con ideas que iban al cine, pero que serían impensables hoy en día, recordamos con cariño y con una mano en el corazón, a ese artista y fenómenou (en palabras de El Fary) que fue Joe Dante. Y lo digo en pasado, porque no se sabe muy bien en qué agujero está metido en los últimos años. Los 80, sin duda, fueron suyos, gracias a un puñado de películas que recogían lo mejor de la serie B, aportando un puntito de humor, que las hacía bien agradables de ver. Un grupo de películas ochenteras a más no poder, que todo Dios ha visto y disfrutado, que tienen pocas críticas negativas a sus espaldas, que conformaron una época y que resultan de lo más entretenidas. Partiendo de ideas tontorronas, que no darían más que para un episodio corto de una serie de terror o ciencia-ficción, Dante creaba un mundo en el que era fácil entrar, donde te lo creías todo, a pesar de unas propuestas ridículas sobre el papel. Así, nos podemos imaginar al productor de turno arqueando la ceja mientras lee una sinopsis sobre un grupo de bichos verdes que matan gente y manipulan todo tipo de cacharros eléctricos, que se multiplican con el agua y mutan si comen después de medianoche. O ese otro productor que se ríe en sus narices, al leer la historia de unas pirañas que matan a la gente en un parque acuático. Pero Joe Dante dirigió esas historias y las convirtió en éxitos y en clásicos del cine, que serán recordados tras su muerte. Por desgracia, en los últimos años de la década de los 90, los estudios se olvidaron un poco de él, optando por películas más normalitas y olvidando la fantasía y calidad que rezumaba este hombre. Sin embargo, le dio tiempo a currar en televisión y a dirigir varias pelis bien interesantes, como Pequeños Guerreros, Looney Tunes De Nuevo en Accción o el capítulo Homecoming para la serie Masters of Horror. Y ahora está enfrascado en un nuevo título del que poco se sabe aún (The Hole), y con el que esperemos que vuelva a sus años mozos y de calidad.

La que nos ocupa es su quinta película en cine, que gozó de un gran éxito de público, debido a la fiebre por los hombres lobo. Y es que ese mismo año, John Landis estrenó Un Hombre Loco Americano en Londres, que contaba con unos efectos especiales maravillosos y un humor negro también especial. Por ello, la gente se animó a ver otra película de seres que se transforman con la luna llena, pero aquí la cosa cambiaba, sin seguir los cánones establecidos por la leyenda popular y los mitos. Olvidaos también de la comedia, a pesar de los estrambóticos personajes que aparecen. Michael J. Fox no sale transformándose en lobo y ganando partidos de baloncesto. La película comienza de una manera bastante cruda, en la que una periodista tiene una "cita" con un admirador, dentro de la cabina de un sex-shop. Todo ello está siendo seguido por la policía, por la pareja de la protagonista y por sus compañeros del informativo de televisión que presenta. La mujer entra en la cabina, disfruta de una escena muy pero muy cruel (a mí se me quedó en la retina durante años, cuando era un mozuelo), y tiene un encuentro muy extraño con su fan número uno. Después de tan traumática experiencia, su médico le recomienda pasar una temporada en una comunidad que ha montado en el bosque, junto a otras personas con problemas y su maridito. Y ahí todo se empieza a liar.

Dante nos cuenta una historia de lobo-hombres nada común, alejada de las clásicas. Aquí no hace falta luna llena para la transformación, sino que cada uno se convierte cuando le sale del moño, todo un acierto. Además, así no hace falta rodar de noche las escenas de los ataques. Los efectos son casi tan buenos como los de Un Hombre Lobo Americano en Londres, con unas conversiones explícitas, sangrientas y muy reales. Te crees cada uña que crece y cada pelo que sale (magnífica es la transformación del marido y su amante). Por otro lado, descubrimos que estos seres no son solitarios, sino que viven entre nosotros desde tiempos inmemoriales, ocultos, sabiendo el rechazo que provocarían. Todo se ambienta en la comunidad en el campo adonde van a parar los protagonistas, con un bosque siemple lleno de niebla, unas cabañas bien tétricas y un paraje que invita a pasar miedo.

Nada aburre en este filme, que hasta cuenta con el cameo de Roger Corman saliendo de una cabina telefónica, pues fue quien descubrió a Dante, años atrás. Su humor es más crudo que en Gremlins o en Matinee, ya que hay escenas de auténtico sufrimiento y gran crueldad (la persecución a la amiga de la periodista), y su final es una maravilla. Sin embargo, en la actualidad es una de las pelis menos conocidas de su director, algo que habría que modificar. Una pena que Dante no se encargarse de las secuelas, que llegan hasta el número 7, pues habrian sido mejores. En serio, la mayoría son nefastas, infumables e inclusive dolorosas para el ojo humano, no preparado para semejante sufrimiento.

Pero ésta es un clásico de las pelis con hombres lobo de por medio, ahora tan de moda a la espera del estreno del remake de Benicio del Toro.

lunes, 18 de enero de 2010

BRAIN DAMAGE (1988)


Hace poco (quizá demasiado poco para mi cerebro) hablé sobre Basket Case, ópera prima del cineasta Frank Henenlotter, que me pareció una obra sobrevalorada, aburrida y mal realizada (además de otros adjetivos aún peores). Pues bien, hoy me toca hablar sobre su segundo filme, y es que tardó 6 años en rodar una nueva peli; por algo sería.

Cuando era un pequeño zagalín, la obra de este hombre me parecía muy interesante, aunque sólo de oídas y por los anuncios de sus películas, que condensaban todos los momentos gore y de monstruos, dejando a un lado el hastío y los planos mal enfocados. Pero cierto día, me topé en la televisión por cable con este Brain Damage, acerca de una especie de criatura-cerebro que se empeña en dominar mentalmente a un chaval, que mata a víctimas para saciar con su sangre a dicho ser. Como ocurría con Basket Case, tenemos una premisa más o menos curiosa, que se pierde en un metraje alargado y soso, que estás deseando que acabe cuanto antes, para que termine el suplicio.

Y es que la historia es un soberano coñazo, con el joven persiguiendo a gente a la que asesinar, pero comiéndose el tarro por lo que está haciendo, que considera malo. El bicho, de nuevo, vuelve a estar fatal creado y su voz con eco termina molestando al más sordo del lugar. La relación entre ambos es confusa, pues no sabes si se llevan bien o mal, si el cerebro es bueno, o qué pasa (a lo mejor tienen algo en la cama). Eso sí, algunas partes sangrientas están muy bien rodadas y causan grima. Se nota que aquí tenía algo más de dinero y de producción detrás del proyecto.

Al director no se le puede negar ser un alma libre al contar sus historias, pero si tuvieran más gracia, sería mejor para él y para sus espectadores. Aquí vuelve a tocar el asunto de las mentes conectadas, sin interés alguno. Otra película de Henenlotter con una sinopsis prometedora, pero que se queda en nada y menos. Las actuaciones son reguleras, los asesinatos escasos y el metraje excesivo. Es como una versión gore de Mi Novia es una Extraterrestre, pero sin Kim Basinger y peor.

Leer critica Brain damage en Muchocine.net

viernes, 15 de enero de 2010

BASKET CASE (1982)


Siempre se menciona este título de basurero cuando alguien se pone a recordar títulos videocluberos de una infancia traumada. Lo peor es que las mentes más retorcidas y deformes, recuerdan Basket Case como una peli graciosa, entretenida y hasta buena, algo muy alejado de la realidad. Lo que sucede es que la inocencia de nuestra infancia, hace que todo lo veamos de otro modo, mucho mejor, provocando que recordemos auténticas mierdas, como si fueran maravillas incomparables. Pues este es casi el paradigma de semejante ejemplo.

Vale, es una película que en su época, sobre todo gracias al esplendor del VHS en los 80, gozó de cierta popularidad. Supongo que por la portada, que tenía buena pinta, o por el boca a oreja, que tanto se llevaba. Pero eso tampoco es muy meritorio, teniendo en cuenta que el presupuesto era ínfimo, ya que tanto los actores como los efectos especiales dan más pena que un ratoncito blanco siendo devorado por una anaconda. Su artífice (ya puede estar orgulloso el tipo) es Frank Henenlotter, que produjo, escribió y dirigió el filme. Además, también se encargó de manejar al monstruo con su mano, como una marioneta, cosa cutre a más no poder.

La historia va de unos hermanos siameses que son separados quirúrgicamente. Hast ahí todo normal, pero es que mientras uno de ellos es un joven corriente, el otro es un monstruo horrendo que le sale de un costado. Unos médicos practican la operación, a petición del padre, que quiere ver muerto a ese terrible ser. Pero algo falla (no sabemos qué) y el bichardo sobrevive, siendo cuidado por su hermano, con el que guarda una relación telepática (espero que nada más) y por su tía. Años más tarde, ambos viajan hasta New York New York, con el propósito de matar a aquellos médicos que les intentaron separar años atrás. Y es que el rencor carece de límites, amigos. ¿Y la canasta del título? Pues es ahí donde el hermano feo va escondido siempre. Por cierto, que en España, esta cosa se tituló ¿Dónde te escondes, hermano?, lo cual reafirma la cutrez del asunto.

Con dicha premisa y las características antes mencionadas, pretenden vendernos una moto cargada de gore y humor, pero el resultado es un chusco aburrido y demasiado estirado. Se nota que el tema está rodado en 16mm, lo que le da a la imagen un tono feucho y granulado que no le favorece para nada; en otros casos ochenteros, aporta un cierto encanto, pero aquí ni eso. Lo cierto es que hay momentos logrados e ingeniosos, como la muerte de la veterinaria o el intento de violación por parte del hermano malo, un momentazo en toda regla, que pondrá brutos a los más degenerados del lugar. Luego está el flashback donde asistimos a la infancia de tan entrañables hermanos, que es más interesante que el resto de película, pero ni aun así. Lo más nefasto es que intentan colarnos una semihistoria de amor, que resulta insulsa y sólo es una excusa para el final, que no contaré por aquí, pero que se ve a las mil leguas. Total, que todos estos ingredientes de peli de terror indie, cutre y con momentos de risa, que a Peter Jackson o Sam Raimi les funcionaron tan bien, aquí ofrecen un espectáculo tonto, un aburrimiento de tomo y lomo. Por cierto, que muchas escenas con el mostrenco están rodadas con la técnica del Stop-Motion, tan desfasado ya en su año de estreno, y que provocan pena en los ataques a las víctimas.

Los 80 fueron muy grandes, mas también conviene no olvidarse de títulos tan nefastos como este. La peli tuvo dos secuelas más que todavía no he sufrido, pero todo se andará. El director se siguió dedicando al género, con pelis bastante tristes, como Brain Damage, aunque también se habla de una tal Frankenhooker, que parece incluso divertida, lo cual es mucho para este cineasta.

Lo dicho, una peli considerada de culto, pero muy aburrida. Así que si alguien la menciona en alguna reunión para hablar de cine culto, no se corten en ponerla a parir.

FRANKENSTEIN (1931)


Sin duda que quepa, uno de los grandes clásicos del terror mundial y Universal (¿pillais el chiste?), creador de un icono que ha llegado hasta nuestros días, generador de infinitas secuelas y copias, y que supuso el comienzo de las producciones de horror por parte de la Universal y otras productoras, que hacían pelis de este tipo como churros, siempre con los mismos personajes, pero con un encanto y unas historias que hoy no se ven.

Todos conocemos la historia de Frankenstein o el moderno Prometeo, creado por la escritora Mary Shelley, que no me suena que tenga otros libros conocidos (otro caso de fama que se vuelve en tu contra). Se trata del científico medio chiflado que crea a un ser con miembros de otros cuerpos, intentando explicar que puede haber vida más allá de la muerte, pero su obra se vuelve en su contra, pues no desea ser moldeada, sino que tiene su propia conciencia y quiere ser libre, incluso sentir el amor.

En esta primera adaptación al cine (antes se había hecho un corto bastante aburrido con el personaje), dirigida por el gran James Whale, el monstruo es encarnado por el ya mítico Boris Karloff (o Karlorrrrr, según los chicos de Muchachada Nui), que desarrolla un tremendo personaje, que aporta terror y ternura a partes iguales, ya que no sabe el alcance de sus actos, pues él no ha elegido ser así. Esto se observa en la escena en la que el ser se encuentra con la niña, que juega cerca de un río. El monstruo comienza a lanzar flores al agua y se divierte, viendo cómo flotan. Entonces, arroja a la pequeña niña al río, que se ahoga, pero él no es responsable, pues actúa como un crío, sin conocer las consecuencias. Nadie le ha explicado lo que es la vida, a pesar de su apariencia adulta. Él sólo pide ser libre, mientras se halla atormentado.

El personaje del científico que le crea, es incluso más interesante en este filme, pues se vuelve loco intentando que su creación cobre vida, pero se da cuenta del mal que ha hecho, una vez el pueblo quiere su muerte. La relación con su padre, su prometida y su mejor amigo, que intentan persuadirle de sus actos, es harto interesante. Pero claro, lo chulo comienza una vez que el monstruo se pone a matar, dirigiéndose al poblado, donde la gente le quiere muerto. Mítico y archiconocido es el final, con los habitantes yendo al castillo de Frankenstein (curiosamente, aquí al científico, en lugar de Victor, se le llama Henry), con las antorchas en alto para quemar al monstruo.

Esta película comienza con una presentación frente a un telón, como si nos encontráramos en un teatro, donde se nos aclara que lo que vamos a ver es auténtico. Como curiosidad, Karloff se tenía que someter a diario a muchas horas de maquillaje para su personaje, sobre todo para los tornillos, de lo que acabó bastante harto, aunque repitió en la piel de Frankenstein en más ocasiones. También dio vida a La Momia, de Karl Freund.

Todo un clásico de la época dorada de Hollywood, que nadie debería perderse. Ni los fans del terror ni los que aman el cine en general, pues es una peli que da miedo y con imágenes muy sugerentes, pero también de gran ternura y que invita a la reflexión.

miércoles, 6 de enero de 2010

SOLOMON KANE (2009)


A pesar de albergar algunas esperanzas antes de entrar en la sala de cine, Solomon Kane y su mundo de fantasía épica, hechizos, batallas y bichejos raros, ha resultado ser una profunda decepción para mí, hasta el punto de pensar en la baja por depresión, y eso que no trabajo.
Fui al cine con los ojos y la inocencia de un niño ávido de aventuras y entretenimiento sin pretensiones, pero según avanzaba la película, me aburría más y más, hasta el punto de envejecer y pensar que me la habían metido doblada. Sobre todo por el spot televisivo del filme, que prometía muchas batallas y adrenalina a tope, hasta que se te pusieran los pezones erectos. Pero nada más lejos, pues esta película, basada en los relatos de Robert E. Howard, no tiene nada que ver con el divertimento que supuso Conan en los 80. Lo cierto es que no conozco el personaje de Solomon en papel, pues sólo he accedido a cosillas de Conan el Bárbaro, que siempre me ha resultado más interesante, a pesar de su supuesta simplicidad. No obstante, una vez que te sumerges en sus hazañas y luchas, descubres que hay mucho más allá de unas portadas donde las mozas lucen unos perfectos y redondeados atributos; te encuentras con un mundo mágico, donde todo es posible, y a Conan metido en unos berenjenales de los que siempre sale triunfante, y con los que gozas mogollón. En cambio, no conocía el personaje de la cinta aquí comentada, pero no creo que en las novelas sea tan soso y coñazo como en pantalla. Quizá sean unas historias con una narrativa difícil y una historia compleja de trasladar al cine, aunque conociendo al autor de las novelas, no lo creo, pues Howard (como si fuera colega de toda la vida) prefiere divertir y crear tensión, conceptos que la película desconoce por completo. Normal que la sala de cine estuviera vacía en pleno día del espectador, aunque también habrá tenido que ver la Noche de Reyes y sus cabalgatas repletas de caramelos.
Pues bien, el largo tiene un inicio bastante prometedor, con Solomon y su grupo de guerreros, más malos que el hambre en agosto, entrando en un templo de Inglaterra por la fuerza. Aquí las peleas están muy bien conseguidas y esperas que todo siga así. Pero cuando llega un demonio que exige el alma de Solomon y este se convierte de la noche a la mañana en un hombre de paz, residiendo en un monasterio (algo poco creíble, la verdad), todo cae muchísimo y deseas que a Solomon se le vaya la pinza y vuelva a las andadas, luchando con todo y todos para conseguir tesoros y jóvenes doncellas a las que desvirgar.
Parece que la cosa arranca en varios momentos, pero nunca es así, pues James Purefoy, el actor protagonista, aparte de mostrar sus fornidos abdominales, no deja de estar inconsciente o borracho durante gran parte del metraje. De vez en cuando, para rellenar semejante aburrimiento, nos deleitan con flashbacks de su infancia, que demuestren cómo llegó a ser un tipo con mala baba.
En su viaje fuera del monasterio, de donde le expulsan, se encuentra con una familia muy campechana, casi como el Rey, la cual es atacada por un grupo de guerreros poseídos por una fuerza diabólica. Ante esto sólo puedes exclamar "¡al fin, ya hay hostias!", pero tampoco. Solomon se debate con sus demonios internos hasta que decide ir en busca de la hija de la familia, que ha resultado secuestrada, tras el asesinato de casi toda su familia (lo mejor es que degollan a un lindo jovencito). En realidad, el rapto de la niña es un simple motivo para obligar al héroe a ir tras ella.
En su búsqueda, llega a una Iglesia donde se encuentra con un párroco muy singular. Quizá la mejor parte, que no es decir mucho de la peli.
Y aunque para el final ya estamos más que cansados del engaño de una historia tan descafeinada y simple, hay un ápice de ilusión en nuestros corazones, por la batalla que se avecina. Pero ni aun así, ya que la lucha con el monstruo final, que parece lo mejor del trailer, dura nada y menos. Aunque por supuesto, el final deja claro que hay intención de hacer segunda parte. Esperemos que no, o que sea más amena.
En conclusión, nada que ver con El Señor de los Anillos, pues no hay tensión ni peleas chulas (ni tan siquiera un personaje con carisma o una buena historia), ni con En El Nombre del Rey, ya que tampoco te ríes de lo mala que es.