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sábado, 18 de diciembre de 2010

CRIATURAS ASESINAS (1983)


Un meteorito se estrella una noche, cerca de una tranquila localidad. De su interior emergen unos horribles seres que poseen un apetito voraz, devorando todo a su paso. No paran de crecer y poco a poco empiezan a arrasar con la comunidad. Se adentran en una pequeña casa y parece que nada puede detenerlos, salvo la perspicacia de un niño.

Si estás leyendo esto y has visto la película de la que hablamos, perteneces a un club bastante selecto, ya que dicho largometraje es bastante desconocido y en su momento pasó con más pena que gloria por los videoclubes de todo el mundo. Y es que se trata de una especie de refrito de Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979), pero con unos bichos mucho menos realistas y amenazadores, y ambientada en la Tierra, concretamente en un pequeño pueblo del interior de Estados Unidos.

La cosa pinta bien en su inicio, cuando dos excursionistas ven la caída del meteorito, se acercan para ver qué ha ocurrido y ya se sabe qué le pasó al gato. En esa escena no vemos a los monstruos, aunque deducimos que poseen tentáculos, son fuertes y tienen más hambre que un pollo en agosto. Pero en la escena siguiente ya estamos viendo su aspecto, que aunque impresiona, recuerda demasiado al de una planta carnívora gigante; por tanto, la sorpresa, que en otras ocasiones se reserva para el final, aquí nos es desvelada cuando llevamos 5 minutos escasos de metraje. Por supuesto, la intención del director era mostrar a los bichos cuanto antes, para así construir las escenas de los ataques sin tener que recurrir al fuera de plano, pero es que dichos momentos ni resultan tensos ni se resuelven bien.

Desde el primer momento, los monstruos se ubican en una casa del municipio, pero hasta bien avanzado el metraje no vuelven a atacar, lo que ocasiona el aburrimiento del respetable. Parece que nacen pequeños y van creciendo en función del agua y los alimentos, pero bien pronto aparecen algunos que son tremendos, así que esa explicación también la olvidan a las primeras de cambio. Pero vamos, que esto no pasa de ser una aburrida serie Z de tarde de domingo, con niño salvador incluído. Por cierto, un actor bastante mediocre, pero que acaba siendo el héroe de la función porque no le tiene miedo a nada, gracias a los cientos de filmes de horror que ha visionado a lo largo de su escueta vida.

Si hay algo que no se le puede criticar a la película es el gore, que hace acto de presencia en cada matanza, ante los ojos de los más jóvenes. Luego ves a los pequeños bichitos, que parecen unas babosas carnívoras, devorando los cadáveres, y no te lo terminas de creer, pero el primer efecto es perturbador. Por supuesto, los efectos especiales brillas por su ausencia, y los seres cantan a cartón piedra que da gusto, mas tiene una conclusión poderosa, aunque sea maqueta mediante.
Si debo quedarme con una escena, es la de la muerte de la chica del prota, que en todo momento parece ser un personaje relevante, pero que fallece por la estupidez del chico, que luego resulta ser un cobarde y un loco.

Es una película muy muy floja, con mucho bicho pero poco realista. Tiene una realización mediocre (su equipo está formado por aficionados, está claro),y una historia alargada en exceso, que podría servir para un libro de terror infantil. Pero vamos, el final mola. Y su cartel, también.

domingo, 28 de marzo de 2010

ESCÓNDETE Y TIEMBLA (1988)


El American Gothic es un término que alude a la América profunda, a aquellos pueblos rurales ubicados en medio de ninguna parte, con una moral retrógada y donde todos sus habitantes te mirarán mal al llegar. En lo que se refiere al cine, abarca cualquier filme (normalmente de terror) ambientado en esos parajes, en los que los protagonistas sufren la ira de los pueblerinos, que frecuentemente se dedican a masacrar a los forasteros, debido a las cicatrices dejadas por la Guerra Civil americana, a su férres religión o simplemente a sus costumbres (hay quien cuelga a burros de un campanario para celebrar las fiestas). Este tipo de cine nos ha otorgado grandes películas del género de terror, casi siempre protagonizadas por grupos de jóvenes que van de vacaciones al lugar equivocado. Así nos encontramos títulos tan interesantes como La Matanza de Texas, Las Colinas Tienen Ojos, 2000 Maníacos, Km 666 o ¿Quién Puede Matar a un Niño? si nos quedamos dentro de nuestras fronteras.

Escóndete y Tiembla, que precisamente en su título original se llama American Gothic, es el culmen de ese subgénero, donde encontramos todas las características que lo definen, así como sus lugares comunes, sus estereotipos y sus típicas sorpresas. Para goce del aficionado, esto no supone un inconveniente, sino más bien todo lo contrario, ya que el filme sorprende, es crudo y tiene un final acojonante, tras un giro maravilloso en el que se cambian las tornas.

Para empezar, un grupo de amigos jovencitos, tras la experiencia traumática de una de las chicas, cuyo bebé se ahogó en la bañera, deciden hacer un viaje a una pequeña isla en medio de la nada, para estar en contacto con el campo, oler el estiércol, mantener relaciones prematrimoniales y olvidarse de lo malo del pasado. Con ese propósito, se pillan una avioneta y viajan hasta dicho lugar, donde se topan de bruces con una cabaña habitada por una peculiar familia, cuyo patriarca tiene el rostro del mítico actor Rod Steiger. Este clan lleva una peculiar vida en el bosque, sin ningún contacto con la humanidad: sus reglas religiosas son muy estrictas, guardan huesos y utensilios antiquísimos, y los hijos, con más de 40 tacos, siguen viviendo con los padres. Al principio, tras el encuentro entre la familia extraña y los amigos, los primeros les invitan a quedarse con ellos en la cabaña, pero pronto se percatan de que no son del todo normales.

Ahí dan comienzo las muertes, a cada cual más macabra y estrafalaria, producto de las maquiavélicas mentes de los "niños" de la casa. Tanto la cabaña como el bosque son dos lugares ideales para el clima del largometraje, que los usa como medios que se presentan hostiles para las víctimas, las cuales no conocen el entorno ni la locura de sus anfitriones. El filme está rodado de modo que la película parece aún más antigua, debido al grano de la película, lo cual proporciona un efecto de verosimilitud similar al logrado con La Matanza de Texas.

Aunque no sea muy conocida entre el cine de terror de los 80, es un título muy agradable de descubrir, por sus generosas dosis de violencia y su final, enfermizo como pocos.

martes, 16 de marzo de 2010

PERRO BLANCO (1982)


Perro Blanco es una película olvidada, una de entre las miles de cintas que hoy día apenas son recordadas, pero que en su época gozaron de fama, prestigio o fueron joyas de culto por un tiempo, por unos u otros motivos. En muchos casos, es una pena que esas películas hayan quedado en el limbo y hoy sólo se pueda acceder a ellas mediante programas de descarga (lo siento, yo también los uso); en este caso concreto, no es para nada una pena. La mala fama que adquirió este filme en los ochenta se debe a su discurso de fondo, un alegato en contra del racismo y de la violencia, entroncada en la espina dorsal de la sociedad norteamericana. Se intentó disimular como una historia de terror, en la que un perro aterroriza a una comunidad con sus mortíferos ataques, pero enseguida nos queda claro que el director no pretendía asustar con esta obra, sino moralizar al espectador y darle una lección, sin necesidad de mostrar a gente matándose entre sí, sino mediante un perro de extraña raza que ha sido adiestrado desde cachorro para matar a personas de raza negra, presumiblemente por un blanco racista y malote. Pero en lugar de darnos una lección de manera sutil, que muchas veces tiene mayor calado, el director y guionista no se anda por las ramas y a las primeras de cambio rueda al can haciendo de las suyas, todo con su correspondiente explicación. Sin embargo, una escena que supera a las demás en crudeza y que guarda un doble sentido terrible, es aquella en la que la dueña del perro es atacada por un violador de raza blanca, mientras el perro no hace nada, y cuando se enfrenta al hombre, lo hace con desgana y sin apenas herirle.

Hay que decir que los ataques perrunos están muy logrados (a lo mejor el perro se cargó a más de un especialista durante el rodaje), pues son bien violentos, sangrientos y realistas. Pero toda la veracidad y el argumento se desechan a las primeras de cambio, cuando el chucho maligno comienza a ser domesticado por un hombre de raza negra, con el objetivo de calmar su ansia asesina contra los suyos. Ahí el filme pierde mucho fuelle, se alarga hasta que a uno le entra el sueño y la realización se torna muy televisiva. Entonces se nos ofrece un discurso antirracista que aburre y que rompe con la primera media hora de metraje, hasta llegar a un final con tensión, pero esperado. Lo dicho, gran parte de la peli se dedica a intentar convertir al perro en una especie de Snoopy amable, y es un coñazo que no veas. Lo mejor, el momento en que descubrimos quién fue el hombre que adiestró al perrico para ser una máquina de matar.

Como curiosidad, decir que el director es Samuel Fuller (que escribió el guión partiendo de una novela), autor también de Uno Rojo: División de Choque y otros títulos bélicos, cuyo cine siempre se ha caracterizado por su gran violencia. En Perro Blanco, parece intentar retractarse de todo ello, con malos resultados. La película llegó a ser prohibida por culpa de su mensaje moralista y gran parte de su metraje se perdió durante años, pero se recuperó. Yo he podido ver la película enterita e igualmente me parece un discurso maniqueo, soso, sin matices y con el único fin de llamar la atención. Ah, y el co-guionista es Curtis Hanson, que años después nos brindaría L.A. Confidential, donde no salían perros sanguinarios.

Y termino mi sarta habitual para hablaros del genial blog de mi buen amigo Jaume Mayol, con el sugerente nombre El Matadero del Abuelo, donde nos deleita con su conocimiento sobre el más variopinto cine de terror, llevando a cabo análisis de películas y subgéneros mediante el barniz de la Psicología, elemento fundamental para entender el cine y sus personajes. En cuanto os leáis una entrada, quedaréis enganchados. ¡No os lo perdáis!

martes, 2 de marzo de 2010

LA QUEMA (1981)


Hay algo que me pone bruto cuando me pongo delante de un slasher ochentero, ya sea Viernes 13 o una de sus innumerables copias. La simple idea de un psicópata enmascarado, misterioso y sanguinario, propietario de un carisma especial y portador de las más variopintas armas, que se dedica a perseguir en lugares idílicos (como campamentos, cabañas o tiernos pueblos de la América Profunda) a jovencitos que sólo buscan diversión con sus hormonas desatadas, cuando deberían estar estudiando o culturizándose en un museo, me llena de orgullo y satisfacción. Supongo que se debe a que este subgénero apela a nuestras emociones más primitivas y necesarias, como el comer o el ir al baño todos los días como un reloj. Existe algo en nuestro interior que se satisface cuando observamos una escena violenta o de alto contenido erótico. Y es que el slasher guarda muchos puntos en común con el cine X, cambiando las escenas de cama por las masacres, y los gritos de placer por los de auxilio. También tendrá que ver con mi infancia, en la que me tragué más de una peli de este tipo, disfrutándolas, aunque ahora las revisito y me entran ganas de vomitar y de recuperar el buen recuerdo que guardaba, esfumado. Pero hay muchos títulos interesantes en aquella década prodigiosa, que a pesar de suponer una copia de unos esquemas establecidos, pretenden mostrar una historia novedosa, aportar algo original o al menos, divertir y hacer que la hora y media se pase rápido y nos deje un buen sabor de boca, como el ron Legendario con limón. Eso sí, La Quema no pertenece a ese selecto grupo.

Los archiconocidos hermanos Weinstein también quisieron montarse en el carro de las pelis de matarifes, que a comienzos de los 80 se hacían tan famosas, ya que el público exigía un nuevo tipo de horror, más cercano y humanizado. Por tanto, los hermanísimos pensaron en crear un nuevo icono del terror, Cropsy, ideando una leyenda a su alrededor. El susodicho era un vigilante de un campamento de verano, con el rostro desfigurado. Por culpa de su mal carácter se gana más de un enemigo, entre los cuales se cuentan los propios adolescentes que se encuentran de vacaciones. Unos cuantos pretenden gastarle una broma pesada, pero resulta tan pesada, que la cabaña donde duerme Cropsy se acaba incendiando y éste sufre graves quemaduras en todo su cuerpo. Y lo típico, tras salir vivo del hospital, jura eterna venganza contra todo aquel que se atreva a adentrarse en su campamento. Una novedad, vamos. Pero bueno, si la historia hubiera sido amena, se le podría perdonar a la cinta su extrema falta de originalidad, pero ni por esas. Hay muchos puntos muertos donde no sucede nada y todo tarda demasiado en arrancar. Además, se supone que el espectador debería sentir simpatía hacia el pagafantas protagonista de la historia, pero sólo deseas que muera cruelmente. El resto de personajes carece de importancia y te da igual si fenecen o no. En cuanto al asesino, no impacta y sus apariciones se ven a la legua, siempre armado con unas tijeras de podar (menos mal que no ataca con un cortacésped). Sólo al final podemos ver su verdadero rostro, igualito que en casi todas las entregas de Viernes 13.

Se trata del primer largo producido por los hermanísimos, que también colaboraron con el guión, algo que se nota. Menos mal que después se dedicaron en exclusiva al campo de la producción; los espectadores somos más felices y ellos, más ricos. Lo único rescatable de La Quema es su maquillaje, desarrollado por el gran Tom Savini, especialista en prótesis sangrantes y en heridas artificiales, que se lo curra de lo lindo, sobre todo en cierta escena donde cinco muchachos son atacados por el loco, mientras se encuentran en una barca. Ese momento es épico y está muy bien realizado. El resto de metraje, pura paja aburrida.

En su momento se pensó en realizar una segunda parte. Menos mal que todo quedó en el limbo. Y me reitero en mi afición por el slasher, pero por uno divertido y auténtico, no por éste, hecho a toda prisa, y se nota, antes de que la fiebre por el género se pasase.

domingo, 7 de febrero de 2010

VIERNES 13 (1980)


Ante semejante título, uno sólo puede pensar en el mítico asesino de la máscara de portero de hockey, o en cierto dúo cómico español. Y ni una ni otra. La primera película de la longeva saga (hasta el momento se han realizado 9 secuelas, un crossover con Freddy Krueger y un penoso remake made in Michael Bay) supone el inicio de una era. El comienzo de los maravillosos años 80 y de una nueva forma de hacer cine de terror, alejado de sutilezas y fueras de campo. El principio de una saga asociada a una época, y del slasher, que aquí empezó a cobrar protagonismo, pese a haber nacido años atrás, con Navidades Negras y La Noche de Halloween. Y aunque el asesino aquí no sea el del resto de secuelas (no delataré nada por si hay algún despistado o alguien que ha despertado recientemente de un coma), este filme constituye el nacimiento de un icono pop del género (el asesino Jason Voorhees).

El argumento, simplón como pocos, es conocido por cualquiera, incluso aunque no haya visto ninguna película de la franquicia: un grupo de jóvenes se dispone a reabrir un campamento, cerrado años atrás después del asesinato de una pareja. Todo parece girar en torno a la historia de un niño deforme y retrasado, que falleció ahogado en susodicho lugar, mientras los monitores que deberían estar vigilando, jugaban a los médicos. Y es aquí donde entra en juego el esquema del slasher: presentación de los muchachos a degollar, caza por parte del asesino de turno y enfrentamiento con la final girl, una vez que conocemos la identidad del villano del cuento.

Está claro que todo es sencillo, pero la obra tuvo un tremendo éxito, que generó todo tipo de merchandising, desde juguetes hasta videojuegos. También dio como resultado miles de copias durante la década, con ligeras variantes, pero dando a conocer el argumento del asesino de adolescentes cachondos, y poniendo de manifiesto que los campamentos son lugares perfectos para ambientar un largometraje de estas características.

La realización es bastante plana, los diálogos son sosos y los personajes, inexistentes. Pero a su favor, cuenta con unas ingeniosas y sangrientas muertes no vistas hasta el momento (mítica la flecha que atraviesa el cuello de un joven Kevin Bacon, tumbado en la cama), una oscura ambientación, una música atrayente (a pesar de copiar la pieza de La Noche de Halloween), y un final que ha pasado a la Historia del género.

Su director, Sean S. Cunningham, sólo ha vuelto a dirigir un par de veces más, aunque fue productor de otras entregas de la saga y de la ópera prima de Wes Craven: La Última Casa a la Izquierda.

Vale, no es la peli de horror del Siglo, pero es entretenida (aunque superada por otras secuelas) y siempre viene bien conocerla, para aprender su legado. Por cierto, que viernes 13, en los USA, es el día de la mala suerte. Por si acaso.

viernes, 5 de febrero de 2010

MONDO ZOMBIE (1988)


La carátula de esta cinta de muertos vivientes me producía pesadillas de pequeño, cuando la veía en el videoclub, esperando para alimentar mis pesadillas, pasiva y mirándome en la estantería. Jamás me atreví a alquilarla y la había conseguido sacar de mi mente... hasta ahora. Y supongo que tardará mucho tiempo en volver a desaparecer de mis pensamientos tras haberla visto, pero de lo mala que es. Menos mal que no la vi de niño, porque mi amor al cine hubiese muerto por aquel entonces.

La peli intenta ser un homenaje a la trilogía de Romero y a Posesión Infernal. No se trata de un tributo velado, sino más bien casposo y con poca chispa, donde muchos personajes se llaman como gente perteneciente al género, como King, el comandante ¡John Carpenter!, el científico Savini, el agente Raimi o un tal Romero. Si esos detalles pretendían hacer sonreír al respetable público, no lo logran nunca. Por ejemplo, al empezar el asunto, un zombie llega a un videoclub y coge las cintas de George A. Romero, creador del zombie moderno, y Posesión Infernal de Sam Raimi, tras lo cual intenta hincar el diente al dependiente. Pero de verdad, resulta patético, pues el filme se toma en serio a sí mismo, creyendo llegar a los resultados de los anteriores títulos citados. Es una obra amateur a más no poder, donde se nota el amor del director por este género, pero mejor si hubiera trabajado en un videoclub.

Al principio, descubrimos que los muertos reviven por obra y gracia del virus diseñado por un científico chiflado. Asistimos a los ataques de los seres (cutres cutres) y cinco años después, el mundo está infestado por ellos. Sólo quedan pequeños reductos de humanos supervivientes, pero los zombies les superan en número y sus ataques son constantes. El Gobierno en Washington, ha creado un comando especial de cazadores de zombies, que son más inútiles que un compás en un examen de Literatura. Los científicos, de repente, descubren que el doctor que creó el virus, podía tener en sus manos el antídoto, por lo que el comando va en su busca. En su viaje se encontrarán con un grupo de religiosos, que están en contra del asesinato de los zombies, y se dedican a alimentarlos y a sacrificar humanos para ellos, de forma que se tendrán que enfrentar con ellos.

Las referencias continuas a otras obras donde los zombies son los protagonistas, no son pocas. El científico del grupo gubernamental intenta domesticar a los muertos, como en El Día de los Muertos, incluso creando un ordenador que les permite hablar. Penoso se puede definir el momento en que su zombie se pone a entonar el himno de los USA. Eso sí, el maquillaje de los seres está currado, a pesar de la poca pasta que habría en la producción. Y es que está clarísimo que esto fue directo a vídeo, nada de paso por cines, por vergüenza, más que nada.

Los actores son más malos que un yogur de limón caducado y la historia aburre hasta el hartazgo, pero es idónea para completistas del cine de devoracerebros. No hay otro género donde haya más pelis malas, debido a su enorme cantidad de obras. Muchas de ellas llegan a ser geniales en su cutrez, como la citada Posesión Infernal o Mal Gusto de Peter Jackson, pero su éxito radica en contar con alguien talentoso tras la cámara, cosa que aquí no sucede.

Por cierto, el final es ridículo y todo es demasiado enrevesado en algunos momentos, para más inri.

martes, 26 de enero de 2010

AULLIDOS (1981)


Todos aquellos que tuvimos la fortuna de nacer en los años 80, sin reggaeton en las radios, sin programas del corazón en la tele cada tarde, sin bullying en las clases y con ideas que iban al cine, pero que serían impensables hoy en día, recordamos con cariño y con una mano en el corazón, a ese artista y fenómenou (en palabras de El Fary) que fue Joe Dante. Y lo digo en pasado, porque no se sabe muy bien en qué agujero está metido en los últimos años. Los 80, sin duda, fueron suyos, gracias a un puñado de películas que recogían lo mejor de la serie B, aportando un puntito de humor, que las hacía bien agradables de ver. Un grupo de películas ochenteras a más no poder, que todo Dios ha visto y disfrutado, que tienen pocas críticas negativas a sus espaldas, que conformaron una época y que resultan de lo más entretenidas. Partiendo de ideas tontorronas, que no darían más que para un episodio corto de una serie de terror o ciencia-ficción, Dante creaba un mundo en el que era fácil entrar, donde te lo creías todo, a pesar de unas propuestas ridículas sobre el papel. Así, nos podemos imaginar al productor de turno arqueando la ceja mientras lee una sinopsis sobre un grupo de bichos verdes que matan gente y manipulan todo tipo de cacharros eléctricos, que se multiplican con el agua y mutan si comen después de medianoche. O ese otro productor que se ríe en sus narices, al leer la historia de unas pirañas que matan a la gente en un parque acuático. Pero Joe Dante dirigió esas historias y las convirtió en éxitos y en clásicos del cine, que serán recordados tras su muerte. Por desgracia, en los últimos años de la década de los 90, los estudios se olvidaron un poco de él, optando por películas más normalitas y olvidando la fantasía y calidad que rezumaba este hombre. Sin embargo, le dio tiempo a currar en televisión y a dirigir varias pelis bien interesantes, como Pequeños Guerreros, Looney Tunes De Nuevo en Accción o el capítulo Homecoming para la serie Masters of Horror. Y ahora está enfrascado en un nuevo título del que poco se sabe aún (The Hole), y con el que esperemos que vuelva a sus años mozos y de calidad.

La que nos ocupa es su quinta película en cine, que gozó de un gran éxito de público, debido a la fiebre por los hombres lobo. Y es que ese mismo año, John Landis estrenó Un Hombre Loco Americano en Londres, que contaba con unos efectos especiales maravillosos y un humor negro también especial. Por ello, la gente se animó a ver otra película de seres que se transforman con la luna llena, pero aquí la cosa cambiaba, sin seguir los cánones establecidos por la leyenda popular y los mitos. Olvidaos también de la comedia, a pesar de los estrambóticos personajes que aparecen. Michael J. Fox no sale transformándose en lobo y ganando partidos de baloncesto. La película comienza de una manera bastante cruda, en la que una periodista tiene una "cita" con un admirador, dentro de la cabina de un sex-shop. Todo ello está siendo seguido por la policía, por la pareja de la protagonista y por sus compañeros del informativo de televisión que presenta. La mujer entra en la cabina, disfruta de una escena muy pero muy cruel (a mí se me quedó en la retina durante años, cuando era un mozuelo), y tiene un encuentro muy extraño con su fan número uno. Después de tan traumática experiencia, su médico le recomienda pasar una temporada en una comunidad que ha montado en el bosque, junto a otras personas con problemas y su maridito. Y ahí todo se empieza a liar.

Dante nos cuenta una historia de lobo-hombres nada común, alejada de las clásicas. Aquí no hace falta luna llena para la transformación, sino que cada uno se convierte cuando le sale del moño, todo un acierto. Además, así no hace falta rodar de noche las escenas de los ataques. Los efectos son casi tan buenos como los de Un Hombre Lobo Americano en Londres, con unas conversiones explícitas, sangrientas y muy reales. Te crees cada uña que crece y cada pelo que sale (magnífica es la transformación del marido y su amante). Por otro lado, descubrimos que estos seres no son solitarios, sino que viven entre nosotros desde tiempos inmemoriales, ocultos, sabiendo el rechazo que provocarían. Todo se ambienta en la comunidad en el campo adonde van a parar los protagonistas, con un bosque siemple lleno de niebla, unas cabañas bien tétricas y un paraje que invita a pasar miedo.

Nada aburre en este filme, que hasta cuenta con el cameo de Roger Corman saliendo de una cabina telefónica, pues fue quien descubrió a Dante, años atrás. Su humor es más crudo que en Gremlins o en Matinee, ya que hay escenas de auténtico sufrimiento y gran crueldad (la persecución a la amiga de la periodista), y su final es una maravilla. Sin embargo, en la actualidad es una de las pelis menos conocidas de su director, algo que habría que modificar. Una pena que Dante no se encargarse de las secuelas, que llegan hasta el número 7, pues habrian sido mejores. En serio, la mayoría son nefastas, infumables e inclusive dolorosas para el ojo humano, no preparado para semejante sufrimiento.

Pero ésta es un clásico de las pelis con hombres lobo de por medio, ahora tan de moda a la espera del estreno del remake de Benicio del Toro.

lunes, 18 de enero de 2010

BRAIN DAMAGE (1988)


Hace poco (quizá demasiado poco para mi cerebro) hablé sobre Basket Case, ópera prima del cineasta Frank Henenlotter, que me pareció una obra sobrevalorada, aburrida y mal realizada (además de otros adjetivos aún peores). Pues bien, hoy me toca hablar sobre su segundo filme, y es que tardó 6 años en rodar una nueva peli; por algo sería.

Cuando era un pequeño zagalín, la obra de este hombre me parecía muy interesante, aunque sólo de oídas y por los anuncios de sus películas, que condensaban todos los momentos gore y de monstruos, dejando a un lado el hastío y los planos mal enfocados. Pero cierto día, me topé en la televisión por cable con este Brain Damage, acerca de una especie de criatura-cerebro que se empeña en dominar mentalmente a un chaval, que mata a víctimas para saciar con su sangre a dicho ser. Como ocurría con Basket Case, tenemos una premisa más o menos curiosa, que se pierde en un metraje alargado y soso, que estás deseando que acabe cuanto antes, para que termine el suplicio.

Y es que la historia es un soberano coñazo, con el joven persiguiendo a gente a la que asesinar, pero comiéndose el tarro por lo que está haciendo, que considera malo. El bicho, de nuevo, vuelve a estar fatal creado y su voz con eco termina molestando al más sordo del lugar. La relación entre ambos es confusa, pues no sabes si se llevan bien o mal, si el cerebro es bueno, o qué pasa (a lo mejor tienen algo en la cama). Eso sí, algunas partes sangrientas están muy bien rodadas y causan grima. Se nota que aquí tenía algo más de dinero y de producción detrás del proyecto.

Al director no se le puede negar ser un alma libre al contar sus historias, pero si tuvieran más gracia, sería mejor para él y para sus espectadores. Aquí vuelve a tocar el asunto de las mentes conectadas, sin interés alguno. Otra película de Henenlotter con una sinopsis prometedora, pero que se queda en nada y menos. Las actuaciones son reguleras, los asesinatos escasos y el metraje excesivo. Es como una versión gore de Mi Novia es una Extraterrestre, pero sin Kim Basinger y peor.

Leer critica Brain damage en Muchocine.net

viernes, 8 de enero de 2010

DISTURBIO EN EL CEMENTERIO (1987)


Estamos ante la enésima película aburrida y casposa de Lamberto Bava, que siempre estará bajo la sombra de su papi, el interesante Mario Bava, y es normal, viendo semejante desastre. En otros casos, una película puede resultar desastrosa por unas interpretaciones penosas, un presupuesto ínfimo, un horrible guión para limpiarse los mocos, o un director incompetente, pero es que aquí todo eso se junta y da como resultado esta cinta de Bava, que incluso parece estar orgulloso de lo que está haciendo. Pienso que desperdiciar dinero en hacer una película así, es lo que nos ha llevado a la crisis actual.
Con Disturbio en el Cementerio, Bava demuestra que sabe crear expectación en torno a una idea sugerente y un título que rezuma serie B de la buena (o eso nos hacen creer). Recuerdo que cuando leí la sinopsis, decía que un grupo de jóvenes en la edad del pavo, pasaban una noche en unas catacumbas, enfrentándose a zombies, vampiros y demonios. Si mezclas ese argumento con el año de su estreno y el apellido Bava, piensas que tendrás un peli de terror harto entretenida, pero por desgracia, al terminar el filme estás más cerca del suicidio que de otra cosa. Creo que el estreno de esta película motivó muchas revueltas por Italia y asesinatos en diversos Institutos.
La película comienza bien, aunque eso no es un gran mérito. Una banda de macarras roban una tienda y escapan con su furgoneta, siendo perseguidos por la policía. Y todo ello con una pegadiza melodía rockera de fondo, de esas que tanto gustan a Argento y coetáneos. Pero en cuanto se introducen en un bosque y llegan al cementerio, todo se estropea. Por supuesto, los diálogos estúpidos e hirientes no dejan de sucederse, y para más inri, sólo una de las chicas de la pandilla está de buen ver, y ni siquiera.
Parece que la cosa se torna interesante, cuando creen ser perseguidos en el campo, por un monstruo gigante, cuyas huellas dejan al Yeti en mal lugar. ¡Pero ese bicho no llega a hacer acto de presencia en ningún momento! Los chavales, llegada la noche, se meten en una especie de mausoleo a dormir, a la intemperie, sin preocuparse por el frío o sus perseguidores. Una tontería más del guión, que sería salvable si el asunto fuera entretenido, pero ni por esas. En mitad de la noche se despiertan y encuentran ¡una taberna en medio del cementerio! Allí dentro descubren un tesoro y el tabernero les dice que, si consiguen pasar una noche entera en las catacumbas, obtendrán las riquezas de dicho tesoro. Los muchachos, movidos por la codicia y por un mal guión, ni se lo piensan y se meten allí, donde encuentran tumbas y más tumbas, de las que salen zombies muy feos (el maquillaje tiene su punto, eso sí), pero que ni siquiera suponen un peligro para el grupo, pues ni les pretenden matar ni nada de nada. Y teniendo en cuenta que la mayor parte del metraje se desarrolla en esa parte, nos hallamos ante un coñazo de tremendas proporciones. Descubrimos así que en la peli no hay vampiros ni demonios, sólo unos tontos zombies que intentan causar la risa en el espectador, pero que sólo dan vergüenza.
En cierto momento, parece que los personajes han muerto al escapar de la policía, y están en una especie de limbo, como en Reeker, pero eso ni se vuelve a mencionar y carece de importancia para el final, porque ninguno de los chicos muere ni es atacado.
Al final, salen del lugar, reciben su premio, pero son detenidos por los maderos, que les arrebatan el tesoro. Fin y a otra cosa. Una pérdida de tiempo, pero necesaria si se es un completista de la obra de estos autores italianos. Sin embargo, Lamberto no llega a su padre ni a la suela de las chanclas.