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lunes, 9 de agosto de 2010

EL OTRO (1972)


Dos gemelos muy distintos pero inseparables, pasan un verano durante los años 30 en la casa de campo de su abuela, de origen ruso, junto a otros familiares. El lugar es idílico, pero pronto comienza la tragedia y se suceden los extraños asesinatos. Todo está basado en la relación que mantienen los gemelos con su abuela, la cual les ha enseñado el poder de empatizar con cualquier persona, animal u objeto. Paulatinamente, las cosas empeoran, y la abuela es la única que conoce la verdad.

Imprescindible título de terror de comienzos de los 70, que nos muestra la cara más perversa de los niños, capaces de cometer las más terribles atrocidades sin percatarse de su culpa. Años antes del estreno de cintas tan conocidas como La Profecía (The Omen, Richard Donner, 1976) o ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976), surgió esta pequeña gran película, que en sus pequeños detalles guarda la brillantez de una planificación milimétricamente estudiada, dejando pequeñas pistas que nos guían hasta un final épico, donde todo encaja a la perfección, conformando un título de género fantástico genial. A pesar de no ser tan popular como otras películas de similar temática, quizá debido a lo lenta que puede resultar en determinados tramos del metraje, alberga una gran fuerza en sus imágenes, limpias y que nos muestran la belleza y el secretismo de la América más profunda. La crítica la recibió con unánimes halagos en su época, y su director, Robert Mulligan, que no volvió a tocar el género que nos ocupa, ganó el premio a Mejor Director en el Festival de Sitges de 1972.


Y es que se nota su mano y su calidad dirigiendo, ya que ninguno de los actores está mal, y eso teniendo en cuenta que todo el peso de la trama recae sobre los niños, que resultan bien convincentes, a pesar de su corta edad. También hay que destacar el magnífico trabajo de Uta Hagen, que interpreta a la abuela de los críos y nos pone los sentimientos a flor de piel, sobre todo en el dramático final. La relación que mantiene con los niños es muy natural y te llegas a creer los lazos familiares que existen entre ellos. Por otro lado tenemos a la madre de los chicos, que debido a cierto suceso trágico del pasado, es incapaz de salir de la casa y se encuentra muy trastornada. Y como dato curioso, la breve aparición del actor John Ritter, recientemente desaparecido, en uno de sus primeros papeles.

La ambientación es completamente adecuada para la trama, en unos parajes campestres que envuelven a los personajes y los aíslan del mundanal ruido de la ciudad. Allí todo el mundo es feliz y carece de preocupaciones, pero un terrible secreto se esconde en el fondo del pozo de la familia protagonista. La planificación es impecable, lo que hace que en ciertos puntos la cosa parezca no avanzar, pero es ahí donde reside la fuerza del filme, que nos permite hilar todo hasta el terrible desenlace.

Hay que destacar el guión de Tom Tryon, que adapta su propia novela sin caer en los errores de otros autores, creando una atmósfera de incomprensión y desasosiego en el espectador, que asiste impasible a unos extraños asesinatos y a unos inexplicables acontecimientos, que conoces pronto pero sorprenden igual. Se nota la influencia de Alfred Hitchcock en este autor. En cuanto a la música, no abunda, pero cuando hace acto de aparición, te pone los pelos de gallina, reforzando las principales escenas.

Las muertes son brutales, como la del primo de los gemelos o la de la anciana y gruñona vecina, que no dejarán a nadie indiferente. Parece que nada ocurre en esa apacible comunidad, pero es que pocos quieren verlo.

En definitiva, un clásico de culto que merece más fama y que debe ser revisitado, en una época donde los thrillers sobrenaturales abundan, pero pocos son los que recuerdas al día siguiente. Este en concreto se te queda grabado, gracias al terror de unas situaciones que nadie puede controlar. Y es que el horror se halla donde menos te lo esperas, pues está en el interior de cada uno.

miércoles, 21 de abril de 2010

NO-DO (2009)


Hace poco comentaba por aquí la profunda decepción que experimenté ante el visionado de La Hora Fría de Elio Quiroga, un título que me inspiraba buenas vibraciones, pero que se quedó en una cosa cutre cogida con pinzas. Pues bien, hace menos aún me atreví con la siguiente obra del cineasta, de la que sólo había escuchado malas críticas, además de que su paso por la taquilla fue de puntillas. Y eso que más de un despistado entraría en la sala para ver los noticiarios del Caudillo, confundido. Me senté en la silla, abrí el ordenador y le di al play (señora Sinde, le prometo que era un DVD alquilado), con más esperanzas que Ridley Scott dirigiendo la adaptación del Monopoly. Por segunda vez con Quiroga, acabé desilusionado y con el rabo entre las piernas.

El argumento siempre me había parecido de lo más curioso, y en su día quise verla en cine, pero el filme duró bien poco en cartelera y no llegué a tiempo, algo que no creo que le pase a nadie con Avatar. No-Do cuenta la historia de un matrimonio que se muda a una nueva casa, donde ella presencia cosas extrañas. Esas terribles visiones están relacionadas con un acontecimiento ocurrido en tiempos del Franquismo, acerca de un grupo de niñas que tienen poderes y que provocan la enfermedad en su región. La historia fue documentada por el No-Do, pero no por el que todos conocemos, que antiguamente se proyectaba en los cines antes del largometraje, y que Parada nos obligaba a presenciar en Cine de Barrio antes de la peli de Manolo Escobar. Más bien son unos archivos fílmicos ocultos, como los Expedientes X de los No-Dos tradicionales, donde están grabados todo tipo de sucesos paranormales, como la incipiente calvicie de Íker Jiménez.

Aunque todo ello pueda parecer interesante, se pierde en las visiones de fantasmas de la mujer, muy bien interpretada por la siempre solvente Ana Torrent, que ya en Tesis nos demostró sus habilidades para chillar y pasarlo malamente. Pero es que desde los primeros minutos nos damos cuenta del secreto guardado por su hija, no hace falta ser un lince. Las visiones no causan ningún tipo de sensación y el tema de los No-Dos apenas tiene importancia. Estamos pues ante una historia típica y aburrida de casa encantada, con algún toque novedoso, pero poco más. Y como ya ocurría en La Hora Fría, los efectos especiales son más malos que una patada en el coxis; en lugar de impresionar o dar canguelo, restan dosis de realismo a la película.

Quiroga, por otro lado, parece tener algún trauma infantil, pues siempre tiene que introducir a algún niño en la trama. Lo peor es que éste suele actuar mal. No obstante, sigo confiando en este director, que sabe crear atmósferas e historias interesantes. Quizá debería plantearse recibir guiones ajenos a los que aportar su mirada de aficionado al género. Aunque siendo un cineasta español, quién sabe cuándo tendrá un nuevo proyecto. Eso sí que es un caso paranormal.