Mostrando entradas con la etiqueta demonio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta demonio. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de agosto de 2010

LA MÁSCARA DEL DEMONIO (1960)


En tiempos de la Inquisición, la princesa Asa es condenada a muerte por haber practicado brujería junto a su criado Javutich. A ambos se les colocan sendas máscaras con pinchos, y cuando van a ser quemados en la hoguera, una fuerte lluvia cae sobre el lugar, signo que es considerado como una maldición. Dos siglos después, por el mismo lugar viaja un carruaje con dos médicos que se dirigen a Moscú. Por error, uno de los doctores despierta de su eterno letargo a la princesa vampira, que vuelve para vengarse. Para ello, necesitará de la vitalidad de una joven pariente, que vive en su antiguo castillo.

Una de las primeras películas de terror dirigidas por el maestro Mario Bava, creador del subgénero giallo, que define un tipo de películas italianas de horror y suspense cargadas de violencia, asesinos brutales y gore a raudales. No obstante, La Máscara del Demonio no pertenece a dicha clase de filmes, que tiene en Bahía de sangre (A bay of blood, Mario Bava, 1971) su principal representante; sino más bien al cine vampírico, tan fructífero y beneficioso en aquellos años, gracias a la productora Hammer, fundamentalmente.

Pero a pesar de lo sugerente de su argumento, de la eficacia narrativa y visual de Bava (que le da mil vueltas a su retoño, el irregular Lamberto Bava) y de algunas imágenes poderosas, La Máscara del Demonio es una cinta de vampiros más, que no aporta nada novedoso al género y que resulta aburrida en numerosos tramos de la historia. Además, es un largometraje demasiado anclado en su época, razón por la cual peca de ingenuidad y cuenta con diversos fallos de realizador amateur, como planos exagerados, interpretaciones inverosímiles o diálogos que causan la risa floja entre el respetable.

Por otra parte, la relación amorosa del joven médico, que en dos segundos se enamora de la bella protagonista, resulta increíble y tópica, pues ya sabemos quién será el héroe de la función, mientras Barbara Steele sólo se dedica a poner cara de susto y a chillar como una descosida hasta provocar la sangría en el tímpano ajeno. Los juegos amorosos y las miradas entre ambos personajes parecen hechos de broma, de forma que su amor no puede ser tenido en consideración por el respetable.

No obstante, hay momentos logrados en el apartado visual, como toda la tortura del principio, que causa dolor con sólo mirarla. Promete, pero luego la cosa se vuelve muy convencional, con la típica historia de vampira-bruja que necesita la juventud a través de una zagala que pertenece a su familia. Por supuesto, su familia lo intenta impedir a toda costa, sin tener demasiado éxito. Para lograr su objetivo, contará con la ayuda de su criado, que protagoniza una penosa lucha contra el guapo y valiente protagonista, que ha estudiado Medicina, pero sabe bien de artes marciales.

El filme es considerado como un clásico indiscutible del género fantástico, pero
Bava tiene en su haber obras mucho mejores y más cuidadas, aunque aquí nos encontramos con una fotografía limpia y llena de sombras amenazadoras.
Mención aparte merece el personaje del cura que ayuda al protagonista, que oculta en todo momento lo que sabe del tema hasta que es demasiado tarde. Al final, una vez más, acaba triunfando la Inquisición.

Parece una película mucho más antigua de lo que es en realidad, sólo para interesados en la extensa obra de Mario Bava o para completistas del cine de chupasangres. Nada que ver con la saga Crepúsculo, por supuesto.

martes, 8 de junio de 2010

EL FINAL DE DAMIEN (1981)


Tercera y última entrega de la saga demoníaca protagonizada por Damien, el Anticristo más carismático de la Historia del cine moderno, que en esta ocasión está interpretado por el australiano Sam Neill, el cual aporta muchos puntos positivos al personaje, que ahora es consciente de su poder y su destino. Y es que el protagonista de Parque Jurásico aporta una mirada de puro terror, unos gestos que asociamos plenamente a Satán, agresividad, fuerza, capacidad de destrucción y de dominar a las masas, e hipocresía de cara a aquellos que no conocen su condición. Él sabe que es el Anticristo y que su reinado de maldad está a punto de iniciarse. No obstante, deberá hacer frente a la última parte de la profecía, aquella que dice que en Londres resucitará el Nazareno, el único capaz de vencerle y extender el bien por el mundo. Todo muy bíblico.

Damien ahora es presidente de la empresa de su familia, pero acaba siendo nombrado embajador de Estados Unidos en Londres, gracias a su poder de convicción y a la "mala suerte" del anterior en el cargo. De esa forma, su conexión con la gente es mayor, logrando que confíen en él, pese a sus sucias artimañas.

Antes de llegar a todo esto, un grupo de religiosos de una congregación secreta italiana, acceden a las siete dagas que pueden herir a Damien. Tras comprobar los objetivos nada altruístas de Damien, se disponen a darle una buena somanta de palos. Y a eso se destina buena parte del metraje, a las intentonas de cargarse a Damien, sin conseguirlo, ya que son todos unos metepatas incompetentes. Una vez cerrada esa parte del argumento, éste se centra en la matanza de niños, organizada por Damien y su séquito, de todos los bebés nacidos en determinada fecha, pues cualquiera podría ser el Nazareno (no estamos en la Semana Santa sevillana, que conste). Aquí la peli gana enteros, sin escatimar en crudeza y brutalidad al mostrar los asesinatos de los pequeñines (envenenados, ahogados, atropellados, quemados por una plancha...), a pesar de la copia que supone con respecto a la historia de Jesucristo. Porque el resto interesa bien poco, quedando un resultado soso, sin gracia, lento y carente del alma de la entrega original. Ni Sam Neill salva de la quema este producto, que aunque cuenta con Richard Donner en la producción, parece hecho sin ganas, para terminar una trilogía que se debió quedar en una sola película. Por otro lado, mejor no hablar del título, que deja poco espacio a la imaginación.

Y qué decir del final, cuando Damien descubre dónde se oculta el Nazareno. Una conclusión más idónea para la típica peli aburrida de Semana Santa, que para un filme de terror, que a día de hoy resulta vergonzosa y sin sentido, incluyendo fragmentos leídos de la Biblia y todo.

En fin, el cierre de una trilogía famosa, pero famosa por el filme original, ya que estas sucesiones carecen de interés para el espectador exigente. Eso sí, mira que originaron copias en aquellas fechas.

martes, 5 de enero de 2010

EL DIABLO METIÓ LA MANO (1999)


Recuerdo que en el momento del estreno de este largometraje, todo el mundo hablaba de él a las mil maravillas y no había nadie que no la hubiera visto, puesto que se trata de una cinta de adolescentes para MUY adolescentes. Ahora, años después de su estreno oficial, me han entrado ganas de verla y puedo incluirme en ese grupo de privilegiados que la han podido disfrutar. Y es que El Diablo Metió la Mano (Idle Hands en su versión original) es una película divertida, con tetas y chistes sobre porros, aderezada con algo de terror para que la trama no se quede en nada, aunque hay momentos en los que, debido a su precariedad argumental, nos da la impresión de que se va a acabar.
Por tanto, los jovenzuelos que la vieran en su época, sin contar con gran número de neuronas, la podían disfrutar sin pedirle demasiado, lo mismo que me ha ocurrido a mí en este visionado y eso que ya cuento con más añitos. No obstante, a pesar de lo estúpida que pueda resultar, es mucho mejor que algunas de sus hermanas mayores y serias, que estaban aflorando por las salas en aquellos años, a raíz del éxito de Scream y sus adolescentes chillonas. Y eso es debido a que la mezcla de la película funciona: por un lado tenemos la historia de un joven fumeta que no tiene oficio ni beneficio, cuya mano es poseída por un demonio, obligándole a matar. Este mozo es Devon Sawa, actor de Destino Final o la cargante Casper (cuyas fans se pueden extrapolar a aquellas que ahora gustan de Crepúsculos y demás), que ahora ha caído en el olvido tras varios años sin trabajar. La chica de la que se enamora (y con la que se toca) es la sabrosa Jessica Alba, que aquí está de toma pan y moja, aunque eso tampoco es novedad. Vamos, que por un lado tenemos sangre, algunas muertes chulas (los policías o la madre del prota), jovencitos guapetones y conocidos, y algo de carne para los viciosos. Y si a ello unimos unos cuantos chistes afortunados, tenemos un taquillazo a la vista.
Pero el plato fuerte está constituido por los mejores amigos de Anton, el protagonista: otros dos fumadores empedernidos, que al ser asesinados por la diabólica mano, no llegan a la luz que les llevará al Cielo por pereza y vuelven a la vida como zombies; uno con un botellín de cerveza incrustado en la frente, y otro sin cabeza. Ellos dos nos brindan algunos de los momentos con más guasa de la película, debido a sus vicios, su pereza y a cierto momento de necrofilia que comprenderéis si veis la peli.
También tenemos la ligera subtrama de Vivica A. Fox, que interpreta a una sacerdotisa que lleva años buscando a esa mano diabólica y da con ella al enterarse de los asesinatos cometidos en la ciudad. Está cogida con los pelos, pero es necesaria para la resolución de la trama y para darle una mínima explicación a los sucesos. Y atentos a la escena dentro del coche de dos novios heavys, que a mí me dejó loco.
Pues resumiendo: estamos ante una cinta divertida y tonta, sin pretensiones, pero muy disfrutable y entretenida. Perfecta para gozar con los amigos, y si es con compañía etílica, mejor.