domingo, 17 de enero de 2010

LAS VAMPIRAS (1970)


Podríamos decir que Las Vampiras es uno de los mejores títulos del ínclito Jess Franco (o Jesús Franco, o Jess Frank, o... mil pseudónimos más), cineasta español galardonado hace un año con el Goya de Honor, que ha consagrado toda su vida al cine y lo sigue haciendo, a pesar de no ser muy amigo del Régimen del señor con el que comparte apellido (y poco más), y tener que marcharse a otros países para realizar el cine que él quería, un cine sin tapujos destinado a gente sin prejuicios, como el whisky ese. No obstante, teniendo en cuenta su extensísima filmografía, imposible de abarcar, no se puede afirmar al cien por cien que sea su mejor obra, que se acerca a los 300 títulos. Por otro lado, conociendo algunas de sus últimas aberraciones fílmicas, que rozan la pornografía barata y cutre-salchichera, es normal que esta cinta resalte, al estar hecha en una época poco dada a transgredir.

Se trata de una película cargada de metáforas y de un gran carácter onírico, destilado por cada plano, cada escena y cada secuencia. A lo mejor no era la intención del autor, pero cada cosa que sucede parece que tiene su justificación, dentro de un ambiente repleto de lirismo y donde los cánones y estereotipos que todos conocemos sobre el cine de vampiros, son desechados y sometidos a un giro de 180º. Especial importancia cobra el significado de tres elementos claves dentro de la historia: la cometa, el escorpión y la mariposa, que se mencionarán varias veces a lo largo de la trama y que tendrán mucho que ver con lo que ocurre en la historia principal. Sin ir más lejos, el final, donde la protagonista, mediante voz en off, explica la resolución de todo, hace referencia explícita a dichos elementos, que tendrían una equivalencia con las situaciones planteadas en la película y con sus personajes. La película está cargada de imágenes fuertes y evocadoras, que no están escogidas al azar, sino que proporcionan un halo concreto al resultado definitivo. La música, basada principalmente en composiciones de jazz del propio Franco, con voces femeninas de fondo, contribuye a dicho cometido, resaltando el sueño que parece impregnar todo (por ejemplo, el tema del comienzo es genial y representativo de lo que viene a continuación, acompañado por una explicación y por imágenes de la vampira principal).

Pero no sólo se trata de imágenes potentes, sino que éstas se hallan al servicio de una historia, que supone una vuelta de tuerca al mito de Drácula y el vampiro. Aquí no hay vampiro, sino una vampira bien sexy. Jonathan Harker es sustituido también por una mujer, que se desplaza al castillo de la vampira para venderle unas propiedades, junto a su esposo. También se rompe con las leyendas de siempre, pues la vampira, tranquilamente, se tumba en la playa a tomar el sol, con su cuerpo bronceándose y llevando unas gafas de sol de lo más setenteras. Lo que no varía es la sensualidad del mordisco del monstruo, que provoca una dependencia por parte de la víctima, como sucede con la mujer que está internada en el psiquiátrico por culpa de este ser, y con la rubia protagonista. Debido a ello, tenemos momentos plagados de erotismo entre ambas, que elevan la temperatura hasta donde el mercurio no alcanza. A mí, estas decisiones me parecen una genialidad, aportando cosas nuevas al manido esquema de las pelis vampíricas, bastante cascadas ya por la Hammer en aquellos años.

Pero si hay algo que realmente destaca en el conjunto global, es Soledad Miranda, que interpreta a la vampira, una guapísima sevillana, cuya mirada reflejaba más que cualquier palabra, con una sensualidad innata y unas maneras de estrella total. No hay más que ver su striptease del comienzo en el local, junto a una mujer que actúa como un maniquí (¿o es al revés?), donde su mirada perdida contrasta con unos movimientos maravillosos. Desgraciadamente, meses después del rodaje de este filme, yendo en coche a firmar un contrato multimillonario con una productora norteamericana, sufrió un accidente de coche fatal. El cine español y mundial perdió a una prometedora estrella, que Jess Franco supo descubrir antes que nadie. Y es que el madrileño director es un visionario en cuanto a sus actrices, pues siempre elige mujerones en todos los aspectos. Tampoco se queda atrás su víctima, una rubia alemana más bien rellenita, que sufre en sus carnes (literalmente) el acoso de la vampira, en quien no puede dejar de pensar, hipnotizada por sus colmillos.

Aquí, los varones tienen menos importancia, aunque son personajes interesantes, como el ayudante de la vampira o el director del manicomio, una suerte de Van Helsing moderno. Mención aparte se merece el propio Jess Franco, que se da un homenaje con un pequeño papel de loco violador y asesino, que le viene que ni pintao, con la facha que tenía en aquella etapa. No aporta demasiado a la trama, pero es la mar de simpático y chulo.

El primer título de la peli fue Vampyros Lesbos, pero se cambió para su versión española, que incluso redujo su metraje por su contenido erótico. Una pena, aunque en la edición en DVD se puede encontrar casi todo lo rodado. Varias pelis posteriores de Franco han sido remakes inconfesos de esta obra, una de las más conocidas y respetadas del cineasta español.

Un clásico de culto, con un ritmo lento, pero lleno de imágenes magníficas.

2 comentarios:

  1. mola la pagina a mi me molan mucho las peliculas de miedo y saw es una de mis preferidas una saludo de un estopero

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  2. Quería decirle que el dueño de otro blog le ha copiado la entrada de este post:

    http://avernodehades.blogspot.com/2011/08/vampyros-lesbos-1971.html

    Un saludo y enhorabuena por su blog.

    Lord Babylon

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